viernes, 24 de abril de 2015

RESUMEN DE ALGO IRRESOLUTO / EL GENOCIDIO EN DOS PALABRAS






Resumen de algo irresoluto

El genocidio en dos palabras

La estratégica posición de la meseta de Armenia, cruce de caminos de las caravanas comerciales entre Oriente y Occidente, fomentó el interés de los pueblos que la rodeaban, y fue determinante de que haya sido conquistada sucesivamente por persas, macedonios, romanos, más tarde fue la dominación bizantina y luego la árabe. Hacia mediados del siglo XI aparecen en la región los selyúcidas, nómades mongoles del Asia Central, luego los tártaros y más tarde los turcomanos.

Entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII, la región este de Armenia se convirtió en área de conflicto entre los turcos otomanos, los persas y los rusos quienes a partir de entonces comienzan a tener presencia en la geopolítica de la región.






El Genocidio Armenio


Los primeros pasos los dará el sultán Abdul Hamid (1876-1909). Entre 1884-1896 son masacrados aproximadamente 300.000 armenios. Es derrocado el sultán Hamid el poder pasa a manos de los Jóvenes Turcos.

Lo que en principio pareció el inicio de una época de paz y fraternidad, basada en la igualdad de derechos, poco a poco se fue transformando en el período más oscura de la historia armenia.

En el nuevo orden elaborado por los Jóvenes Turcos, los armenios constituían un obstáculo. La Primer Guerra Mundial facilitó la concreción de su objetivo: transformar un imperio heterogéneo en un estado homogéneo fundado en el concepto de un pueblo, una nación.

“Una de las metamorfosis más inesperadas y trágicas de la historia contemporánea armenia fue el proceso que se desarrolló de 1908 a 1914, durante el cual los Jóvenes Turcos, de apariencia liberal, se transformaron en nacionalistas extermos, ávidos de crear un orden nuevo y de suprimir la cuestión armenia, eliminando al pueblo armenio” (Richard Hovannisian “La question arménienne”).

Del 23 al 24 de Abril de 1915 fueron detenidos, deportados a Anatolia y asesinados unos 650 dirigentes armenios de Constantinopla. A partir de entonces, se dio la orden de deportación de la población civil, desde las zonas de guerra en el Cáucaso, hacia los centros de reinstalación, en los desiertos de Siria y Mesopotamia.

El mismo esquema de arresto y asesinato de los líderes y de los hombres mayores de 15 años, así como la deportación del resto de la población -mujeres, ancianos y niños-, hacia los desiertos de Siria, se repitió en todos las localidades armenias.

Esta larga marcha, que para muchos fue el camino hacia la muerte, era acompañada de violaciones, torturas y robo de lo poco que llevaban consigo los deportados. Los pocos que lograron sobrevivir, fueron trasladados a distintos puntos del Medio Oriente donde el hambre y las epidemias hicieron su parte.

Los hechos descriptos fueron encuadrados dentro del concepto de GENOCIDIO. Este término fue creado por Raphael Lemkin y aplicado por primera vez durante el juicio a los principales responsables del crimen contra los judios, durante la Segunda Guerra Mundial.

Helen Fein, quien prioriza la responsabilidad del estado en el acto de genocidio, afirma lo siguiente: “las víctimas de los genocidios premeditados del siglo XX -judíos, gitanos, armenios- fueron asesinados para que los designios del estado en vista de un orden nuevo fueran realizados. En los dos casos, la guerra fue utilizada para transformar a la nación con el objeto de adaptarla a las concepciones de la élite en el poder, eliminando a grupos considerados extranjeros, enemigos por definición”.

A partir de entonces, la emigración de los armenios fue casi total. De 2.100.000 almas en el Imperio Otomano, en 1912, de acuerdo con las estadísticas del Patriarcado Armenio de Constantinopla se pasó a 77.435, en 1927, concentradas especialmente en Estambul y aproximadamente 50.00 en 1993.

A pesar de la política de negación que encaró el gobierno turco, sobre todo a partir de 1920, los archivos europeos y americanos, así como el análisis de los hechos a partir de los testimonios de los sobrevivientes, demuestran que el Genocidio armenio fue un hecho premeditado, destinado a la eliminación del pueblo armenio por no renunciar a la preservación de su cultura.

Lo que vino después


Mientras estos acontecimientos sucedían en el Imperio Otomano, la Armenia transcaucásica logró su independencia en 1918. La capitulación turca al finalizar la Primer Guerra hizo renacer la esperanza del retorno, acrecentada con la decisión de la Conferencia del Paz de París, en enero de 1919, de separar Armenia, Siria, Palestina y Mesopotamia del Imperio Otomano.

En 1919, la armada francesa, facilitó el regreso de los sobrevivientes armenios a Cilicia, bajo su protección, pero fue por poco tiempo. Las rivalidades entre los aliados así como el interés de éstos por captar la simpatía del nuevo jefe turco, Mustafá Kemal, marcaron el destino final de los armenios. La retirada de la armada francesa de Cilicia dejó a los armenios librados a su suerte, dando lugar a nuevas matanzas.

El genocidio, hecho traumático en la historia armenia, determinó la conformación de la gran diáspora, origen de las diversas comunidades armenia de Europa y de América.

El reconocimiento del genocidio armenio tiene por dueña a la humanidad en su conjunto. Es la misma humanidad su beneficiaria.

Pero tiene un enemigo concreto: la barbarie, el salvajismo y la irracionalidad encarnadas en aquellos Jóvenes Turcos que mutilaron, exterminaron, usurparon y blandieron su hacha contra la razón misma. A pesar de todo, no es venganza lo que reclamamos, porque estamos a salvo de las ínfimas pasiones. Pero si nuestros antepasados sufrieron la fuerza irrefrenable de la brutalidad criminal y sin embargo siguieron predicando el amor…, nuestra obligación es no olvidar.

Sabemos que el camino es largo, pero lo hemos emprendido con entereza, porque la moral está de nuestra parte y porque el Derecho -el universal, el consuetudinario y el positivo internacional-, nos sostiene.

No proponemos caminos equívocos ni soluciones utópicas, solamente exigimos la aplicación plena y efectiva del Derecho, y el reconocimiento por parte del actual estado turco, legítimo sucesor de aquel imperio otomano, del sultan Hamid, de los Jóvenes Turcos, de Kemal Ataturk.


http://www.genocidioarmenio.org/genocidio-en-dos-palabras/









MUESTRA / Memoria del Genocidio Armenio 100 años contra la negación y el olvido




La Secretaría de Derechos Humanos informa que el viernes 24 de abril a las 19 horas el Centro Cultural Haroldo Conti inaugurará la muestra “Memoria del Genocidio Armenio. 100 años contra la negación y el olvido”, con la presencia de integrantes de la Fundación Consejo Nacional Armenio; el interventor del Inadi, Pedro Mouratian y el director del Centro Cultural, Eduardo Jozami. Se puede visitar hasta el 15 de julio con entrada libre y gratuita (Av. Del Libertador 8151 ex ESMA).





Desde el viernes 24 los que ingresen al Centro Cultural se encontrarán con una muestra que desarrolla, a partir de diferentes ejes, lo que se conoce como "el primer genocidio del siglo XX". El 24 de abril de 1915 la dictadura de los Jóvenes Turcos detuvo a los máximos líderes religiosos, políticos e intelectuales de la comunidad armenia. Desde aquél momento y hasta 1923, se calcula que el entonces Imperio Otomano exterminó y deportó a más de un millón y medio de armenios.

En los últimos 100 años, mientras que Armenia y la diáspora en todo el mundo han luchado por el reconocimiento del genocidio, los distintos gobiernos de la República de Turquía han negado la existencia de un plan sistemático de exterminio del pueblo armenio.

En el centenario de estos trágicos acontecimientos, el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, recuerda y condena el genocidio en tanto crimen de lesa humanidad con la muestra "Memoria del Genocidio Armenio. 100 años contra la negación y el olvido" y con una serie de actividades que se desarrollarán durante abril, mayo y junio.

Por un lado, la muestra presenta una cronología que explica los acontecimientos históricos, los reclamos de la diáspora y el reconocimiento por parte del Estado argentino a partir de la ley 26.199, sancionada en 2006, que reconoce el genocidio sufrido por el pueblo armenio y declara al 24 de abril como el Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto.

Por otro lado, habrá un espacio reservado a la diáspora armenia en la Argentina con la llegada de armenios al país que escaparon del genocidio. Gracias a una política migratoria favorable, familias enteras se asentaron, en su gran mayoría, en los barrios de Palermo, Pompeya, Flores, Liniers, Barracas, Belgrano y Villa Urquiza. También lo hicieron en Lanús, Valentín Alsina y Avellaneda. En diferentes barrios desplegaron diversas formas de resistencia cultural por lo que estos lugares crecieron con el aporte de la presencia armenia, a través de sus instituciones, nomenclatura, monumentos y su arte culinario.

Entre la programación prevista para conmemorar los acontecimientos sucedidos 100 años atrás, el Conti será sede del 16° Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos que presentará una selección de películas sobre el genocidio armenio. El Festival se hará entre el 17 y el 24 de junio.

La muestra "Memoria del Genocidio Armenio. 100 años contra la negación y el olvido" se puede visitar hasta el 15 de julio. Entrada libre y gratuita. Avda. del Libertador 8151.

Más información en www.centroculturalconti.jus.gob.ar




http://www.jus.gob.ar/derechoshumanos/comunicacion-y-prensa/noticias





jueves, 23 de abril de 2015

ATENTADO CONTRA EL ACAMPE QOPIWINI





ATENTADO CONTRA EL ACAMPE QOPIWINI

Hoy 22 de abril 2015, a las 15hs. aproximadamente tiraron una molotov prendida contra el acampe qopiwini.



Mientras manteníamos una reunión en el interior de la carpa mayor del acampe en 9 de julio y av. de mayo, a las 15hs. aproximadamente tiraron una molotov prendida contra el acampe qopiwini. segun una de las hermanas que vio quien lo tiró, era una moto negra con un hombre de casco blanco, el cual se dio a la fuga… mismo que lo perseguimos por la av. 9 de julio no conseguimos alcanzarlo.

Acampe donde hay muchos niños, ancianos, mujeres y hombres de las comunidades, pero donde también transitan día a día muchos más niños, ancianos, mujeres y hombres que colaboran siempre.


En un solo día dos ataques… por la mañana en la radio fm qom recibió también un ataque que la dejo fue de funcionamiento, al romper cables equipos y otros elementos de la misma.

Repudiamos todas las acciones que hacen para invisiblizar por un lado nuestros reclamos, pero sobre todo el atentado a nuestra vida, a nuestra lucha.

Pedimos la mayor difusión y solidaridad sobre este caso que no es aislado, porque de mañana fue en Formosa y ahora acá. 

Responsabilizamos a todas las partes implicadas en nuestra integridad física-psíquica-emocional: al gobierno nacional, gobierno de ciudad y sus respectivas fuerzas políticas y de seguridad



11 3019 5014

twitter:@qopiwini fb: qopiwini




http://qopiwini.com/



miércoles, 22 de abril de 2015

JUICIO A LAS JUNTAS / 30 años / 2 notas destacadas de autor



"El 22 de abril de 1985 se iniciaron las audiencias y el 9 de diciembre del mismo año se dictó la sentencia a las Juntas. Se juzgaron a las tres primeras Juntas, dejando impune a la última Junta Militar y a todos los responsables civiles que participaron del genocidio de clase". 

A treinta años del juicio a las juntas militares  Por Rosa D´Alesio 




"El 22 de abril de 1985 comenzó el denominado “Juicio a las Juntas Militares”, que es en realidad como lo expresan los decretos, sólo a los comandantes. El juicio, uno de los primeros orales y públicos en Argentina, tuvo además características particulares al ser el propio país y su justicia quien juzgaba a los militares y no otros países, como en el caso de Núremberg. Conocido también como “Causa 13”, fue ejercido por Tribunales Civiles formados a tal fin, pero bajo el Código de Justicia Militar. Este código enmarcó en gran medida la escena, su configuración entra dentro de una lógica política que no será la de los organismos de derechos humanos, sino la de la “teoría de los dos demonios”.


A 30 años del inicio del juicio a las "Juntas" Por carlos Leavi





Clickear sobre el título para ingresar directamente en la nota:







A TREINTA AÑOS DEL JUICIO A LAS JUNTAS MILITARES por Rosa D´Alesio


artículo destacado
*imagen de portada




Miércoles 22 de abril de 2015 | Edición del día


A treinta años del Juicio a las Juntas Militares

El 22 de abril de 1985 comenzó el juicio público a los integrantes de las tres primeras Juntas Militares, que condujeron el “Proceso de Reorganización Nacional”, acusados por violaciones a los Derechos Humanos.


Rosa D´Alesio






Los antecedentes


Hacia finales de la dictadura, el gobierno de facto del general Reynaldo Bignone pactó con la Multipartidaria (integrada por el PJ, la UCR y, entre otros, el PC) una transición ordenada. Antes de abandonar el Poder Ejecutivo, sancionó la ley 22.924 (conocida como "Ley de Pacificación Nacional" o "Ley de autoamnistía") que tenía como objetivo evitar que se juzgara y castigara su accionar durante los años que estuvo en el poder. 

Esta norma otorgaba inmunidad a todos los miembros de las Fuerzas Armadas (FFAA) por los crímenes cometidos entre el 25 de mayo de 1973 y el 17 de junio de 1982.

No obstante, Alfonsín tuvo que derogar esta ley a poco de asumir el gobierno debido al desprestigio de las FFAA ante las masas por los crímenes que cometieron durante la dictadura y la posterior capitulación en la guerra de Malvinas. Junto con la derogación de la Ley de autoamnistía firmó, bajo la infame teoría de los dos demonios, los decretos 157 y 158 que ordenaban el procesamiento de las cúpulas guerrilleras y las tres primeras juntas militares. A fines de ese año, el gobierno radical dispuso la formación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y a principios de 1984 sancionó la Ley de reforma del Código de Justicia Militar.

La modificación del Código reconocía la autoridad del fuero castrense en el juzgamiento de los delitos cometidos por el personal militar entre 1976 y 1983 (la ley tenía como objetivo que las FFAA condenaran a sus miembros, incorporándose de esta forma al proceso democrático) pero al mismo tiempo permitía la apelación de la justicia civil a través la Cámara Federal. Hasta ese momento los delitos militares eran juzgados únicamente por el fuero militar.

Pero los militares no aceptaron ni siquiera este exceso de beneficios que la UCR les otorgaba. El 25 de septiembre de 1984, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, expresó en un documento que las órdenes de represión que habían dado las cúpulas militares eran "inobjetablemente legítimas".

Fracasado el intento del gobierno de Alfonsín de que las FFAA se “juzgaran” así mismas, la Cámara Federal se hizo cargo del juicio a las Juntas en octubre de 1984. Los militares hicieron todo lo posible por evitar el juicio. El General Albano Harguindeguy, exjefe del Ejército durante la dictadura militar, en representación de las FFAA, trato de negociar para evitarlos.

La teoría de los dos demonios

Con la colaboración de los integrantes de la CONADEP, se legitimó el discurso oficial del gobierno de Alfonsín que instaló la teoría de los dos demonios, que iguala el accionar de las organizaciones armadas con el terrorismo de Estado, reduciendo el genocidio a una guerra entre bandos beligerantes. Esta “teoría” intentó ocultar que el golpe tenía el objetivo de liquidar a todos los activistas y referentes obreros antiburocráticos y los cuerpos de delegados que enfrentaban al peronismo en el poder.

El radicalismo se planteaba desmovilizar los reclamos por juicio y castigo. La burguesía temía que estos fueran más allá y amenazaran la propia estabilidad del Estado capitalista, con unas FFAA en crisis para poder reprimir. Con ese fin, el alfonsinismo montó el juicio a las Juntas Militares en las que fueron juzgados Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Roberto Eduardo Viola y Leopoldo Fortunato Galtieri, y los líderes de los grupos armados que actuaron en la década del 70, mientras dejaba a más de 150.000 genocidas impunes, cifra estimada a partir de los datos de cuántos represores actuaron en los más de 500 centros clandestinos, sumado a los grupos de tarea que intervinieron en los allanamiento donde secuestraron a más de 30.000 personas.

El juicio

El 22 de abril de 1985 se iniciaron las audiencias y el 9 de diciembre del mismo año se dictó la sentencia a las Juntas. Se juzgaron a las tres primeras Juntas, dejando impune a la última Junta Militar y a todos los responsables civiles que participaron del genocidio de clase.

Alfonsín, que como Presidente de la Nación era también jefe de fiscales, nombró a Julio César Strassera (quien fuera fiscal durante la dictadura y que poco antes de morir habló contra la lucha de los derechos humanos para que “presente las pruebas” contra los militares).

Los jueces que integraron el tribunal fueron: Jorge Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, León Carlos Arslanián, Jorge Valerga Araoz, Guillermo Ledesma y Andrés D’Alessio. Durante el juicio los jueces rotaron cada semana en la presidencia del tribunal. Luis Gabriel Moreno Ocampo fue el fiscal adjunto.

Entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985 se realizó la audiencia pública y en ella declararon 833 personas, entre ellos exdetenidos desaparecidos, familiares de las víctimas y represores. Durante el juicio, aunque no se abrieron los archivos de la dictadura, y menos aún se conoció la identidad de los niños apropiados que nacieron en cautiverio, quedó en evidencia que desde el ’76 al ’83 hubo un aparato clandestino de represión. La clandestinidad de las detenciones, las prácticas de interrogatorios bajo torturas, eliminación física de los detenidos y el saqueo de las viviendas de los detenidos, quedaron expuestos durante el juicio. Todos estos hechos fueron cometidos por miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, bendecidos por la Iglesia Católica. Un plan de exterminio contra una clase social, que los militares justificaron que pudo haber “excesos propios de cualquier acción militar”.

Entre el 11 y el 18 de septiembre de 1985, el fiscal Strassera realizó el alegato de la fiscalía. Entre el 30 de septiembre y el 21 de octubre alegaron las defensas de los jefes militares. Insistieron en que se había tratado de una guerra, y que los actos develados debían ser considerados como circunstancias inevitables de toda guerra. 

La sentencia fue leída por León Arslanián en su condición de presidente de la Cámara Federal. Fueron sentenciados a prisión Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Orlando Agosti, Roberto Viola, Armando Lambruschini. El fallo que condenó sólo a cinco de los responsables del genocidio fue apelado por la defensa. El 30 de diciembre de 1986 la Corte Suprema de Justicia modificó la calificación de los delitos lo que consiguió la reducción de penas para Viola y Agosti a penas de 16 años y 6 meses de prisión y 3 años y 9 meses, respectivamente.

Si bien el fallo reconoció que las Juntas diseñaron e implementaron un plan criminal, señaló que cada fuerza actuó en forma autónoma y que las penas debían ser graduadas en función de ello. Este argumento permitió disminuir aún más las condenas. Incluso señalaron que con posterioridad a 1980 no se pudo comprobar crímenes que pudieran ser responsabilidad de la Junta Militar, exculpando a la tercera Junta: Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya, Arturo Lami Dozo. Junta que fue responsable del secuestro y asesinato de Ana María Martínez, militante del PST, el 4 de febrero de 1982. La cuarta y última Junta fue excluida del juicio, dejando impune a Reynaldo Bignone, Augusto Hughes y Rubén Franco. Recién en el año 2011, Bignone fue condenado a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos durante el tiempo que ostentó el poder.

Pero en el último gobierno de facto comandado por Bignone, mucho más débil por la crisis de la derrota de Malvinas y las movilizaciones previas del movimiento obrero, fue asesinado el joven obrero metalúrgico Dalmiro Flores durante la marcha de la Multipartidaria del 16 de diciembre de 1982. A pesar de la apertura política, el aparato represivo del gobierno militar continuó funcionando y el 17 de mayo de 1983 fueron asesinados por policías bonaerenses los militantes montoneros Osvaldo Cambiasso y Enrique Pereyra Rossi. Reynaldo Bignone le entregó el bastón, la banda y la Casa Rosada a Raúl Alfonsín.

Un año después de finalizado el Juicio a las Juntas, y ante una enorme cantidad de denuncias contra las FFAA, el Congreso aprobó la Ley de Punto Final, cerrando la posibilidad de nuevos juicios. Al año siguiente, se sancionaba la Ley de Obediencia Debida, que desvinculaba de los crímenes de la dictadura a los oficiales y suboficiales de menor rango, evitando el juzgamiento de toda la cadena de mandos. Pero Alfonsín desde un comienzo ordenó juzgar solo a los comandantes de las tres fuerzas, bajo la lógica de la Obediencia Debida.

A 30 años del Juicio a las Juntas Militares, los ideólogos y escribas de la burguesía continúan imponiendo la farsa de que se trató de un hecho histórico que nos honra, gracias a que Raúl Alfonsín se atrevió a enfrentar al partido militar, y así su figura quedó encumbrada como el padre de la democracia. Pero lejos de este relato, conveniente solo a la clase dominante y sus lacayos, la política de Alfonsín (con el apoyo del partido radical y el PJ) estuvo al servicio de la reconstrucción del Estado burgués, contra las demandas democráticas y sociales de las mayorías populares. 

El juicio a las Juntas, las leyes de Obediencia y Punto Final y la anulación de las leyes de impunidad (que en diez años sólo juzgó a 538 represores) muestra los límites insalvables de la política democrática burguesa para resolver el problema del genocidio, porque quien está sentado en el banquillo de los acusados es el mismísimo Estado capitalista.


Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/A-30-anos-del-Juicio-a-las-Juntas-Militares




*La imagen no corresponde a la nota publicada en este sitio web.-

aportes en la crisis.-

A 30 AÑOS DEL INICIO DEL JUICIO A LAS "JUNTAS" Por Carlos Leavi





Diario Contexto - abr 22, 2015


A 30 años del inicio del juicio a las “juntas”

Hace tres décadas comenzaba el histórico Juicio a las Juntas Militares. Por primera vez, los genocidas eran juzgados en su país, pero con la “teoría de los dos demonios” como lógica política de fondo. Carlos Rozanski, el juez que transmitió el debate por TV.





El Juicio a las Juntas de 1985.


Por Carlos Leavi*



El 22 de abril de 1985 comenzó el denominado “Juicio a las Juntas Militares”, que es en realidad como lo expresan los decretos, sólo a los comandantes. El juicio, uno de los primeros orales y públicos en Argentina, tuvo además características particulares al ser el propio país y su justicia quien juzgaba a los militares y no otros países, como en el caso de Núremberg. Conocido también como “Causa 13”, fue ejercido por Tribunales Civiles formados a tal fin, pero bajo el Código de Justicia Militar. Este código enmarcó en gran medida la escena, su configuración entra dentro de una lógica política que no será la de los organismos de derechos humanos, sino la de la “teoría de los dos demonios”.

Esto se expresó concreta y materialmente en la ausencia de querellantes en el juicio. La acusación estaba a cargo de los fiscales. En tanto, las víctimas aparecían sólo como testigos, y en un contexto discursivo y jurídico donde sus subjetividades se presentaban escindidas de sus espacios colectivos. Sus militancias, sus compromisos políticos no podían ser expresados, porque incluso podían ser juzgados por estas acciones y prácticas. La “teoría de los dos demonios” funcionaba como un condicionamiento determinante respecto de qué decir y cómo.

Esta situación restó protagonismo a las organizaciones de DD.HH. que venían denunciando la situación desde hacía años. Un ejemplo singular de esta situación ocurrió cuando los fiscales le pidieron a Hebe de Bonafini, de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, que se sacara el “pañuelo” si quería estar en el juicio. A esa altura, como los “30.000”, el “pañuelo”, primero usado como si fuera un pañal, ya implicaba un valor simbólico y político que expresaba una “arena de luchas”, y se había constituido como un significante que de alguna manera rompía, incomodaba las lógicas, prácticas y discursos que en aquel juicio se configuraron. Por esto, fue la figura de los fiscales, Julio Strassera y Luis Moreno Ocampo, lo que centró la escena de la acusación. El máximo de visibilidad y síntesis de este juicio se llega con la frase de la CONADEP, en boca del fiscal Strassera cuando expresa en su alegato: “Nunca Más”.

Respecto de su visibilidad, prácticamente no hubo acceso a los relatos de los testimonios. La televisión sólo podía mostrar tres minutos por día y sin voz, sin sonido alguno. Era como asistir a un corto de cine mudo. Saliendo de un período que había clausurado tanto la palabra, ni los medios públicos estuvieron habilitados para restituirla aunque sea a partir de sus declaraciones.

La mayor parte de las coberturas, como los testimonios, pusieron eje en las características de las detenciones, torturas y represión. Este es un punto donde es importante comparar la situación de los testimonios de la Causa 13 con el juicio al ex jefe policial de la dictadura, Miguel Osvaldo Etchecolatz, en particular, y con los juicios actuales en general, en relación con la posibilidad actual de “poder hablar”, donde surgen historias de militancia y organización política, referencias laborales, afectivas.

El paradigma de los “dos demonios” obturaba la posibilidad de hablar sobre sus actividades políticas. Incluso hubo casos de detenciones posteriores por declaraciones en el Juicio. Los testigos afirmaron varias veces, como lo recordaba Adriana Calvo, que “volvieron a sentirse interrogados”.

Rozanski: del periodismo al tribunal

Carlos Rozanski












Hay un dato, una situación subjetiva que resulta sustancial respecto a cómo se cubrió periodísticamente el juicio a los comandantes en 1985. Como la televisión sólo podía emitir hasta tres minutos del juicio, pero sin sonido, uno de los columnistas de Canal 13 que daba los informes desde afuera de los Tribunales para Telemóvil‖ –que conducía Ramón Andino– era Carlos Rozanski. Ese joven abogado sería, en 2006, el presidente del Tribunal Federal Oral N° 1 de La Plata, que juzgaría a Etchecolatz.

Rozanski nos cuenta: “Yo asistí a las audiencias de Causa 13, en el llamado Juicio a las Juntas, porque siendo abogado comentaba en televisión en vivo al mediodía las características y mi mirada sobre cómo se iba desarrollando el Juicio”. Los comentarios los hacía desde el canal, porque no se podía grabar en las audiencias.

“Esto me permitió una vivencia muy particular de lo que fue esa causa. No es lo mismo leerlo en los diarios que estar ahí sentado, presenciar las audiencias y después comentarlo por televisión. Porque, más allá de los datos objetivos, estás transmitiendo desde tu propia subjetividad. Y nunca imaginé que veinte años después iba a estar a cargo de un juicio juzgando los crímenes cometidos durante la dictadura”.

“Desde mi experiencia, ese juicio en particular (el de los comandantes) venía muy cercano a lo que había pasado, y cómo el proceso de Terrorismo de Estado marca a la sociedad durante muchos años después, quiere decir que esa marca era muy reciente. Habría que preguntarse si acaso los testimonios treinta años después eran más ricos, no sólo por tener mejores condiciones para hablar, sino también por estar más alejados en el tiempo de aquella experiencia de Terrorismo de Estado…”

Desde esta singularidad, situada entre lo jurídico y lo comunicacional, tanto mediáticamente hablando, como puesta en común de un acontecimiento que podía verse pero no escucharse, que debía ser relatado, aparecen las condiciones, esta mixtura entre condiciones subjetivas y contextos históricos, desde las que se construirán las escenas de un tribunal: el Federal Oral en lo Criminal N° 1 de La Plata con Carlos Rozanski como presidente.

Es paradigmático, además, que este tribunal es en la actualidad el que más juicios ha desarrollado en todo el país, y que haya sido el primero en generar una condena en el marco de un genocidio a los responsables de los crímenes en la última dictadura cívico-militar.




* Docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Fragmentos del capítulo “La larga noche de la impunidad. La justicia en la postdictadura”, del libroLos sentidos de la justicia. Juicios, testimonios y desapariciones, de Carlos Leavi (EDULP, 2014).




Fuente: http://www.diariocontexto.com.ar/


CONSTERNACIÓN Y PREOCUPACIÓN Por Jorge Elbaum

artículo destacado



Imagen: Guadalupe Lombardo



EL PAIS › OPINION

Consternación y preocupación


Por Jorge Elbaum *



La tradición intelectual judía tiene al Talmud como uno de sus libros más relevantes. Según un extenso consenso filosófico moderno, el Talmud es una de las primeras expresiones de la hermenéutica. En sus páginas se celebra el debate de la interpretación en cada párrafo de la Torá (antiguo testamento). Cada línea aparece significada, reinterpretada y debatida como ejemplo de exégesis y de acotaciones interpretativas. El Talmud busca “afinar” la verdad del texto y desmenuzar cada una de sus significaciones más profundas. El comunicado de la DAIA aparecido el día 21 de abril merece una –aunque sea mínima– hermenéutica.

El documento inicia afirmando “la representación política de la comunidad judía argentina”, y no hemos visto que haya hecho ninguna consulta colectiva para arrogarse esa representatividad. De hecho, de haber consultado a muchos de los judíos realmente existentes, hubiesen huido despavoridos antes de suscribir los párrafos que se analizarán a continuación. No me imagino que, por ejemplo, los cuatro mil firmante del “Llamamiento a un encuentro de argentinos judíos” –que realizará una asamblea hoy miércoles 22 de abril en Foetra, Hipólito Yrigoyen 3171, a las 18.30– se sentirían representados por quienes utilizan una ONG dedicada a la lucha contra la discriminación para abrogarse representatividades inconsultas y exiguas.

A continuación el texto de la DAIA eleva el tono de gravedad y anuncia: “expresa su consternación-preocupación respecto de imputaciones...”, cuando lo que debiera hacer es explicar la trama que llevó a acusar a la presidenta de la Nación a través de un escrito llevado a cabo por un fiscal que comentaba y consultaba diariamente a los dirigentes de la DAIA –algunos de los whatsapp entre Wolff y Nisman lo evidencian– los pormenores de los que sería en enero y febrero una intentona de golpe blando y, hoy, apenas una denuncia archivada por su falta de sustento y veracidad.

Más adelante el documento se encarga de subrayar que la trama Buitres, Nisman, DAIA ha sido basada en declaraciones de un ex empleado de la DAIA y actual funcionario del gobierno argentino, como si una, otra o ambas condiciones alcanzaran para anular la veracidad de los datos. Frente a estas desestimaciones sobre el fondo del artículo, cualquier rabino talmúdico se tomaría previamente un tiempo para realizar la hermenéutica aquí empleada: ¿son veraces las cartas que los representantes del partido republicano le envían a la Presidenta? ¿Es verdad que dichas cartas fueron financiadas por aportes de los fondos buitre? ¿Es mentira que Wolf, Knoblovits, Laura Alonso y Patricia Bullrich eran el círculo cercano a Nisman y que impulsaron la falacia recién desestimada por De Luca? ¿Es verdad que Nisman contrató a Mariela Ivanier, otrora empleada de la AMIA y desde hace un lustro consultora de Papel Prensa, La Nación y Clarín? ¿Es verdad que Knoblovits hizo una “gira” por Estados Unidos y habló en un acto junto al cubano Carlos Alberto Montaner, en la sinagoga Beth Torah Benny Rock Campus, Miami, en el cual se llamaba conjuntamente a homenajear al fiscal fallecido y a los “presos políticos del chavismo”? ¿Es verdad que el mismo secretario general de la DAIA afirmó en su visita a la patria de Washington que “es necesario internacionalizar la causa de la muerte del fiscal”, en clara alusión a la necesidad de intervención de países extranjeros en el fallecimiento/suicidio/homicidio? ¿Es verdad que el colega orador de dicho acto realizado, el tal Montaner, es un conocido integrante de la CIA comprometido en gran parte de los golpes militares en Centroamérica y el Caribe, el último de los cuales fue en Honduras, contra el presidente democráticamente electo Manuel Zelaya? ¿Es cierto que Montaner asoció a Nisman con Leopoldo López, el detenido venezolano acusado de planificar un golpe de Estado, afirmando que “tanto Alberto Nisman como Leopoldo López se sacrificaron personalmente defendiendo la democracia”? ¿Es cierto que, luego de esas analogías provocadoras, el orador posterior, Jorge Knoblovits, ni siquiera intentó desmarcarse del anterior discurso incendiario y, por el contrario, deslizó que el gobierno tenía responsabilidad en la muerte del fiscal? ¿Es verdad que el director político de la DAIA, Alfredo Neuberger, fue señalado por los Wikileaks –en los libros de Santiago O’Donnell– como el encargado de “interactuar” informativamente con la Embajada de Estados Unidos, pese a lo cual sigue siendo empleado de la DAIA?

En otro extracto del ampuloso comunicado se afirma que la nota del sábado pasado estaría “plagada” de falsedades y mentiras sobre supuestas confabulaciones internacionales de las cuales sería parte la entidad”, sin desmentir las “relaciones carnales” con el fiscal, ni las homologías –cronológicas y conceptuales– con los representantes republicanos y el Grupo de Tareas para la Argentina, traducción del inglés que les sienta bien a quienes pretenden hacer desaparecer el esfuerzo y la soberanía de nuestro país. Tampoco les parece necesario relatar las coincidencias más que obvias entre la derecha israelí –la DAIA– y el escrito de Nisman: curiosamente todos comparten la necesidad –y la expresan– de bombardear cualquier acuerdo que impida llegar al desarme nuclear o a la indagatoria de los ciudadanos iraníes sobre las que penden las alertas rojas.

En otro párrafo del documento se afirma: “La DAIA está próxima a celebrar el 80º aniversario de su fundación, nacida en 1935 para combatir el antisemitismo y la discriminación y representar a la comunidad judía ante los poderes públicos en sus diversos estamentos, contribuyendo permanentemente a consolidar una sociedad democrática, inclusiva y respetuosa de las diferencias”. No es llamativo que el extracto olvide algunas palabras originarias de la conformación en la década del ’30. La DAIA fue fundada para “luchar contra el fascismo y el antisemitismo”, y desde hace largos años la asociación civil de la calle Pasteur olvidó el término “fascismo” en algún cajón remoto del edificio trágicamente destruido en 1994. La segunda categorización del párrafo remite –nuevamente– a violentar simbólicamente al lector no avezado, autoinstituyéndose en una representación inconsulta: “... representar a la comunidad judía ante los poderes públicos”, asevera, intentando consolidar lo que ya aparece por lo menos cuestionado por múltiples voces que ubican a la DAIA, únicamente, como la representación de la derecha judía argentina”.

Con la intención de validar el argumento liminar de la “representatividad” se postula –en el último párrafo– que la DAIA posee “el respaldo de sus más de 120 instituciones adheridas y 26 filiales a lo largo y ancho del país”, falacia claramente verificable si se desmenuza la media verdad con un mínimo de veleidad talmúdica. De las 120 instituciones sólo tienen existencia real 40 de ellas, algunas de las cuales tienen la friolera de 5 a 10 asociados. Las restantes son “sellos” inventados para poder impactar con el número “enorme” de 120 asociadas. Si se trata de hacer un “peinado finito” se verá que hay “clubes y asociaciones” que ya no existen hace décadas, pero que se les permite votar y simular su existencia para ampliar la cantidad de sellos. Las “delegaciones” del interior de la que habla el comunicado se autoeligen –con roscas de intereses y amistades– que sus propias comunidades ni siquiera conocen o referencian. En síntesis, una representatividad “inflada” para impactar al Estado y seguir pidiendo reuniones con las máximas autoridades del Estado desde la apariencia de la totalidad judía.

Quizás sea hora de señalar que la relación entre lo judío y lo argentino está siendo usada para extorsionar a nuestro país. Existen dos fases para dicha postulación: por un lado, una ofensiva simbólica para convertir el judaísmo en una opción de clase. Se pretende difundir que –por ejemplo– que sólo se es judío si se es de derecha. Esta centrifugación busca asentar las bases de un judaísmo que olvida sus orígenes populares, campesinos, migrantes y progresistas. Se intenta borrar de un plumazo la historia de las mutuales solidarias que funcionaban como una red de sobrevivencia frente al acoso cosaco, nazi, fascista, patricio y las leyes de extranjería. Pero una de las facetas más peligrosa de esta pretendida reducción de lo judío por parte de AMIA/DAIA es la divulgación de que el Proyecto Popular (encarnado hoy en le kirchnerismo) es judeofóbico y antisemita. Esta segunda parte de la construcción simbólica y comunicacional en torno de lo judío/argentino intenta desprestigiar en el exterior a nuestro país asociando las políticas de inclusión con el fascismo. La palabra que usan como nexo para esa tergiversación es “populismo”.

Por el contrario, los argentinos judíos que nos identificamos con la tradición más humana, progresista y social debemos hacerle frente a esa manipulación para que no utilicen nuestra condición étnico/religiosa para difamar a nuestra patria. Tenemos –también– que denunciar estos manejos comunicacionales en tanto judíos comprometidos con nuestro pueblo, revalorizando la ética milenaria que nos exige una actitud compatible con la verdad, la dignidad humana y la vigencia de los derechos humanos. Y tenemos que hacerlo para evitar que se nos use como pretextos para desvalorizar todo aquello que intenta consolidar una sociedad diversa e inclusiva.

Luego de difundir su comunicado, la DAIA increpó a la presidenta de la Nación afirmando: “Le vamos a pedir a la Presidenta que se retracte” por coincidir en la correlación cronológica, ideológica, crematística y política en la cual convergen fondos buitres, Nisman, DAIA y los halcones norteamericanos e israelíes. Quizás, sería más talmúdico que lean hermenéuticamente la nota del sábado pasado, e intenten descubrir en la médula del texto, las obvias coincidencias y sus movimientos orientados a vulnerar la digna soberanía argentina frente a los buitres.




* Sociólogo, periodista, ex director de la DAIA. Embajador argentino ante la Alianza para la rememoración de la Shoá/Holocausto.



Fuente: http://www.pagina12.com.ar/