sábado, 16 de marzo de 2013

ESTELA DE LA CUADRA SOBRE JORGE BERGOGLIO: "ES LA IMPUNIDAD TOTAL" Por Diego Martínez


“¿No amerita que diga qué pasó con Ana?”, 
planteó Estela de la Cuadra sobre Bergoglio.

































ESTELA DE LA CUADRA ALERTO SOBRE LA DESIGNACION DE BERGOGLIO

“Es la impunidad total”


Al ahora papa recurrió su padre en 1977, cuando su hermana Elena fue secuestrada durante la dictadura y dio a luz una niña que aún ignora su identidad. Bergoglio, entonces sacerdote, lo mandó a hablar con el obispo auxiliar de La Plata y se desentendió del caso.

 Por Diego Martínez

En octubre de 1977, mientras Alicia Zubasnabar de De la Cuadra marchaba con las primeras Madres en Plaza de Mayo y organizaba la incipiente agrupación Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos, su esposo fue recibido por el sacerdote Jorge Bergoglio. Elena de la Cuadra había sido secuestrada en febrero, embarazada de cinco meses, y al momento del contacto con el provincial de los jesuitas sus padres sabían, por un anónimo y por un sobreviviente de la Comisaría 5ª de La Plata, que el 16 de junio había tenido una niña en cautiverio y que ya se la habían quitado. Bergoglio escuchó el relato del hombre a pedido del superior general de la Compañía de Jesús, padre Pedro Arrupé. En cuatro líneas derivó el tema al obispo auxiliar de La Plata, Mario Picchi, y se desentendió para siempre, según admitió al declarar en la causa por el Plan Sistemático de Robo de Bebés. Licha de la Cuadra se convirtió poco después en la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, pero el cura tampoco se enteró: supo de Abuelas en 1985, durante el juicio a los ex comandantes, aseguró bajo juramento de decir verdad.

“Es un desastre, es la impunidad total”, reflexiona Estela de la Cuadra ante la consulta por la designación de aquel sacerdote como papa de la Iglesia Católica. Estela es hermana de Elena y tía de Ana Libertad, que aún ignora su identidad, y no sale de su asombro de tener que responder decenas de llamados de periodistas de todo el mundo sobre el pasado del flamante papa Francisco. “Pero hay que seguir luchando –propone–. Bergoglio tiene muchas explicaciones que dar. Hay que seguir reclamando para que se abran los archivos del Episcopado durante la dictadura y también los del Movimiento Familiar Cristiano, que tuvo íntima vinculación con la apropiación de niños. ¿Quién puede asegurar que ahí no figure el destino de Ana?”, se esperanza.

Bergoglio recibió a Roberto Luis de la Cuadra en San Miguel el 28 de octubre de 1977, según consta en la nota que escribió para que lo recibieran en el obispado platense. “Tuve una conversación por especial pedido del P. Arrupé”, le aclaró a Picchi. “El le explicará a usted de qué se trata y le agradeceré todo lo que pueda hacer”, apuntó. Los padres de Elena supieron desde el comienzo que estaba secuestrada “en los alrededores de La Plata” porque se los había dicho Emilio Graselli, secretario del vicariato castrense. Por el sobreviviente Luis Velasco y por anónimos que les dejaron bajo la puerta tuvieron la certeza de que la nieta había nacido. “16/6 la señora tuvo una nena, que no saben dónde está la nenita, los padres están bien, De la Cuadra”, decía un escrito que alguien les hizo llegar al día siguiente del parto.

El padre Picchi no tuvo mayores inconvenientes para conocer la verdad que miles de padres desesperados buscaban sin suerte. El dato preciso se lo aportó el subjefe de la Policía Bonaerense, coronel Reynaldo Tabernero, quien murió impune antes de llegar a juicio. El segundo de Ramón Camps le confirmó que la nena había nacido, que había sido entregada a un matrimonio que no podía tener hijos y que sobre el destino de Elena y su compañero Héctor Baratti “no hay vuelta atrás”.

Licha de la Cuadra, que también perdió en manos del terrorismo de Estado a su hijo Roberto José, siguió adelante y se convirtió en la primera presidenta de Abuelas. En 1999, en el Juicio por la Verdad ante la Cámara Federal de La Plata, su hija Estela relató por primera vez la breve gestión de Bergoglio. Volvió a recordarla en septiembre de 2007, en el juicio oral al capellán Cristian von Wernich. “Ese silencio de Bergoglio me indigna. ¿Acaso no tiene nada que decir?”, preguntó ante los jueces. Antes de ser condenado, Von Wernich invocó a Bergoglio para intentar ensuciar a los testigos del juicio. “El cardenal fue muy clarito”, advirtió. “Dice que el demonio es un testigo falso porque está en la mentira, no está en la verdad. Están preñados de malicia”, agregó. Bergoglio no acusó recibo de la invocación ni de la condena.

En 2010, citado por los secuestros de Orlando Yorio y Francisco Jalics en el primer juicio a represores de la ESMA, el cardenal declaró que supo de la existencia de Abuelas durante el Juicio a las Juntas. “¿Por qué no lo citan? ¿No amerita que diga qué pasó con Ana?”, preguntó Estela al año siguiente, en el juicio por el Plan Sistemático. Los abogados de Abuelas y el fiscal federal Martín Niklison hicieron el pedido y la jueza María del Carmen Roqueta, presidenta del tribunal, debió enviar las preguntas por escrito, privilegio de los altos dignatarios eclesiástico al que decidió acogerse el campechano Bergoglio.

El cardenal juró decir la verdad “por Dios y los Santos Evangelios”, recordó que Arrupé les recomendaba escuchar a quienes pedían ayuda “sobre la búsqueda de sus seres queridos”, pero la memoria le jugó una mala pasada. “No recuerdo los pormenores de la entrevista” con De la Cuadra, afirmó. “No recuerdo que me haya referido que su hija se encontraba embarazada”, escribió bajo juramento. “No recuerdo haber tenido conocimiento de las reuniones que podría haber realizado monseñor Picchi”, apuntó. Aseguró que no informó de la denuncia a otra autoridad que no fuera Picchi y admitió que no hizo ninguna gestión para ayudar a la familia De la Cuadra. Reiteró que supo de la existencia de Abuelas durante el juicio a los comandantes y no se privó de elogiarlas: “Han realizado y continúan haciendo una tarea ciclópea”.


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viernes, 15 de marzo de 2013

¿QUIEN ES FRANCISCO I?: LA COMPLICIDAD DE BERGOGLIO CON LA DICTADURA MILITAR por Daniel Satur y Miguel Raider / PTS




VATICANO: BERGOGLIO FUE ELEGIDO PAPA


¿Quién es Francisco I?: La complicidad de Bergoglio con la dictadura militar




Fecha: Jueves 14 de marzo de 2013


Hoy los grandes medios y la oposición patronal destacan eufóricos la semblanza de un Papa “humilde” que construyó su carrera eclesial “junto a los pobres”. Pero esa imagen no es más que una pantalla elaborada en los últimos años. Cuando en 2001 fue nombrado cardenal por Juan Pablo II, su carrera religiosa pegó un salto. Fue el momento en que transformó su propia imagen, combinando su “opción por los pobres” con el férreo dogma de la Iglesia. Al tiempo que condenaba la pobreza, la trata de personas y el trabajo esclavo, se oponía a la anulación de las leyes de impunidad y llamaba a la “reconciliación nacional” con los genocidas de la dictadura. Al tiempo que se mostraba “sensible” recorriendo villas y hablando con los pibes víctimas del paco, encabezaba su cruzada contra la Ley de Matrimonio Igualitario argumentando que era “una guerra de Dios” contra “una movida del diablo”, y censurando toda posibilidad de educación sexual en las escuelas y políticas de salud reproductiva.

Más allá de toda apariencia, Bergoglio encarna la esencia misma de la Iglesia Católica como institución reaccionaria al servicio de la opresión y la explotación.

Guardia de Hierro

Este jesuita “austero” y de “costumbres modestas”, que acaba de adoptar el nombre de Francisco I en honor al santo de los pobres, en realidad tiene un pasado siniestro.

En 1969, a los 33 años, se ordenó como sacerdote. Al poco tiempo empezó a militar en Guardia de Hierro, una organización de la derecha peronista. En 1973, al ser designado titular de la Compañía de Jesús (la congregación jesuita) Bergoglio dejó en manos de esa organización la dirección de la Universidad del Salvador. En 1976 esa casa de altos estudios nombraría “doctor honoris causa” nada menos que a Emilio Massera, por pedido del propio Bergoglio. Tan estrecha era la relación entre el marino genocida y el cura que éste ofició de enlace con Guardia de Hierro para que esa organización terminara siendo el aparato político de mandamás de la ESMA.

Partícipe necesario


Fue tal la relación de Bergoglio con el genocidio que él mismo entregó a miembros de su congregación a los militares. En mayo de 1976, luego de presionarlos hasta obligarlos a abandonar la Compañía de Jesús, Bergoglio dejó a merced de la dictadura a los curas Orlando Yorio y Francisco Jalics, quienes hacían asistencia en villas del Bajo Flores. Ambos terminaron secuestrados y torturados en la ESMA junto a cuatro catequistas y dos de sus esposos. Fueron los únicos sobrevivientes de aquel operativo, siendo liberados cinco meses más tarde en un bañado de Cañuelas. Una de las catequistas desaparecidas era Mónica Mignone, hija del fundador del CELS Emilio Mignone, quien en 1986 escribió el libro “Iglesia y dictadura” donde ejemplifica con el caso de Bergoglio “la siniestra complicidad” de la Iglesia con los militares.


¿No mentirás?


A finales de 2010, en el juicio por la megacausa ESMA, Nora Cortiñas denunció que Bergoglio “entregó a sus propios sacerdotes”. En el marco de esas audiencias, como parte de las querellas los abogados del CeProDH Myriam Bregman y Luis Bonomi, junto a Enrique Fukman de Ex Detenidos Desaparecidos, presenciaron la declaración testimonial tomada a Bergoglio en la sede del Arzobispado porteño. Allí, sobre los casos de Yorio y Jalics, el Cardenal desmintió todas las acusaciones. Pero cuando Bregman le preguntó acerca del robo de bebés apropiados ilegalmente por la dictadura, Bergoglio se transfiguró y, con cara amenazante, dijo que de eso se había enterado hacía pocos años1. Una canallada desmentida por Estela de la Cuadra, quien en 1977 se entrevistó con él buscando el paradero de su nieta y le contó toda su historia.

Rodolfo Yorio, hermano de Orlando, sintetizó la actuación de Bergoglio en esos años: “Conozco gente a la que él ayudó (…) Maneja la ambigüedad con maestría. Si los mataban se los sacaba de encima, si se salvaban él los había salvado. Por eso hay gente que lo considera un santo y otros que le tienen terror.”

Autor intelectual


En su libro “El Jesuita”, publicado en 2010, Bergoglio se encargó de encubrir la colaboración de la Iglesia con el genocidio. “Al principio se sabía poco y nada”, escribe sobre la dictadura. Sin embargo el 10 de mayo del ’76, dos meses después del golpe, en la Asamblea Plenaria del Episcopado cada obispo informó sobre los secuestros y asesinatos ocurridos en las diócesis. El documento emitido, “País y Bien Común”, se mostró comprensivo con la Junta Militar afirmando que era un error pedirle actuar “con pureza química de tiempo de paz, mientras corre sangre cada día”.

El periodista Horacio Verbitsky denunció que Bergoglio alteró importantes documentos de la época. En la minuta sobre la reunión de la Junta Militar con la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal, el 15 de diciembre del ‘76, Bergoglio omitió que los obispos Primatesta, Aramburu y Zaspe dijeron que “de ninguna manera pretendemos plantear una posición de crítica a la acción de gobierno” dado que “un fracaso llevaría, con mucha probabilidad, al marxismo”, por lo cual “acompañamos al actual proceso de reorganización del país”.

Si la impunidad de gran parte de los responsables del genocidio no siguiera reinando en nuestro país, el prontuario de Bergoglio hubiera alcanzado para juzgarlo por su complicidad con los crímenes de la dictadura.


1 LVO nº400, 11/11/10, disponible en www.pts.org.ar

ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL: LOS DESAFIOS DEL PRIMER PAPA LATINOAMERICANO



Los desafíos del primer Papa Latinoamericano (Esp. / Port.)



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Celebramos el nombramiento del primer Papa latinoamericano en la historia de la Iglesia Católica y su elección del esperanzador nombre Francisco para llevar adelante su período papal.
Esperamos que pueda trabajar por la justicia y la paz más allá de las presiones y los intereses de las potencias mundiales. Esperamos pueda dejar de lado la desconfianza Vaticana al protagonismo de los pueblos en su liberación. Así como que también aliente las transformaciones sociales que se vienen llevando adelante en América Latina y en otras partes del mundo, de la mano de gobiernos populares que tratan de superar la noche del neoliberalismo.
Esperamos que tenga el coraje para defender los derechos de los pueblos frente a los poderosos, sin repetir los graves errores, y también pecados, que tuvo la Iglesia. Durante la última dictadura argentina los integrantes de la Iglesia católica no tuvieron actitudes homogéneas. Es indiscutible que hubo complicidades de buena parte de la jerarquía eclesial en el genocidio perpetrado contra el pueblo argentino, y aunque muchos con “exceso de prudencia” hicieron gestiones silenciosas para liberar a los perseguidos, fueron pocos los pastores que con coraje y decisión asumieron nuestra lucha por los derechos humanos contra la dictadura militar. No considero que Jorge Bergoglio haya sido cómplice de la dictadura, pero creo que le faltó coraje para acompañar nuestra lucha por los derechos humanos en los momentos más difíciles.
Me encuentro viajando a Italia para celebrar un nuevo aniversario del martirio de Mons. Arnulfo Romero, un pastor conservador que frente a la represión en El Salvador tuvo su “Camino de Damasco” hacia el pueblo y dio su vida por la justicia y la paz. Ojalá también que la opción por el nombre Francisco, uno de los santos más significativos de la Iglesia, se exprese en testimonios de opción y defensa de los pobres frente a los poderosos y en la defensa del medio ambiente.
Francisco I no ha heredado un trono imperial sino la humilde silla de un pescador. Por eso esperamos que no olvide las palabras del Obispo mártir argentino, Monseñor Enrique Angelelli, cuando decía que “debemos tener un oído en el Evangelio y otro en el pueblo, para saber qué nos dice Dios”.
Paz y Bien
Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz

Os desafios do primeiro Papa latinoamericano

Congratulamo-nos com a nomeação do primeiro Papa latino-americano na história da Igreja Católica e sua esperançosa escolha do  nome de Francisco  realizar o seu período papal.
 
Esperamos que possa trabalhar pela justiça e paz além das pressões e interesses das potências mundiais. Esperamos abandonar a desconfiança do Vaticano no protagonismo dos povos  sua própria  libertação. E também que venha incentivar as transformações sociais que está acontecendo se na América Latina e em outras partes do mundo, com a ajuda de governos populares que tentam superar a noite do neoliberalismo.
Esperamos tenha coragem de defender os direitos dos povos contra os poderosos, sem repetir os erros graves, e os pecados, já cometidos pela Igreja. Durante a última ditadura na Argentina, os membros da Igreja Católica não tiveram atitudes homogêneas. É indiscutível que houve cumplicidade de boa parte da hierarquia da Igreja no genocídio perpetrado contra o povo argentina. Apesar de muitos com “excessivos cuidado” envidaram esforços silenciosos  para libertar os perseguidos. Foram poucos os pastores que tiveram coragem e tomaram a decisão de assumir a nossa luta em defesa dos direitos humanos contra a ditadura militar. Não considero que Jorge Bergoglio tenha sido cúmplice da ditadura, mas acho que, a ele faltou coragem para acompanhar a nossa luta pelos direitos humanos nos momentos mais difíceis.
Estou viajando para a Itália para celebrar mais um aniversário do martírio de Dom Oscar Arnulfo Romero, um pastor conservador que confrontado com repressão em El Salvador teve o seu “caminho de Damasco” tomou posição ao lado do povo e deu a sua  vida pela  Justiça e a Paz. Espero também que a escolha do nome de Francisco, um dos santos mais importantes e significativos da Igreja, se expresse com testemunhos a opção de defesa dos pobres contra os poderosos e a defesa do meio ambiente.
Francisco não herdou um trono imperial, mas a humilde cadeira de um pescador. Por isso, esperemos que não se esqueça das palavras do bispo mártir argentino, Dom Enrique Angelelli Bispo, quando dizia que “devemos ter um ouvido no Evangelho e outro voltado ao povo, para saber o que é que Deus está falando.”
Paz e Bem
Adolfo Perez Esquivel
Prêmio Nobel da Paz
Tradução: Rosalvo Salgueiro



http://www.adolfoperezesquivel.org

jueves, 14 de marzo de 2013

BERGOGLIO / LA LLAGA ABIERTA por Horacio Verbitsky


La nota de Horacio Verbitsky sobre Jorge Bergoglio para Pagina/12, en 1999.-



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Buenos Aires, domingo 9 de mayo de 1999


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Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, abril de 1999. “Líbreme el Señor de alzar la mano contra el ungido del Señor".
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Orlando Yorio en el juicio a las Juntas, julio de 1985. “Bergoglio no nos avisó del peligro en ciernes.”

¿PADRE, QUE HICISTE TU DURANTE LA GUERRA SUCIA?
UN DEBATE LATENTE SE REABRE EN LA IGLESIA CATÓLICA


La llaga abierta


Desde el Uruguay, el sacerdote Orlando Yorio negó que el actual arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio haya hecho algo por su libertad “sino todo lo contrario” cuando estuvo secuestrado en la ESMA, de mayo a octubre de 1976. “Los liberaron por gestión del Vaticano, no de Bergoglio, que los entregó”, dice Angélica Sosa de Mignone. Se reabre un debate latente en la Iglesia sobre la conducta de la jerarquía durante la dictadura. Responde un sacerdote que conoce el pensamiento de Bergoglio. La represión a los curas villeros después del golpe militar. Los contactos con los ex dictadores Videla y Massera.



La designación del monseñor Jorge Bergoglio como arzobispo de Buenos Aires y su prevista exaltación al cardenalato, han reabierto en la Iglesia Católica el siempre latente debate sobre la conducta de sus jerarquías durante la guerra sucia militar contra la sociedad argentina de la década del 70. El sacerdote Orlando Yorio, quien durante cinco meses de 1976 estuvo secuestrado junto con su colega Francisco Jalics en la Escuela de Mecánica de la Armada, dice que Bergoglio, quien desde 1973 había sido su superior inmediato como Provincial de la Compañía de Jesús, “no nos avisó del peligro en ciernes” y “tampoco tengo ningún motivo para pensar que hizo algo por nuestra libertad, sino todo lo contrario”. Los dos sacerdotes “fueron liberados por la gestiones de Emilio Mignone y la intercesión del Vaticano y no por la actuación de Bergoglio, que fue quien los entregó”, agrega Angélica Sosa de Mignone, Chela, la esposa durante medio siglo del fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales, quien murió en diciembre. Pero la Defensora del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, Alicia Oliveira, quien llegó a ese cargo con el respaldo del CELS, donde desarrolló su militancia por los derechos humanos, defiende con tesón la conducta del actual Arzobispo de Buenos Aires. “Es un tema que yo he discutido durante años con Emilio. Cuando comenzó la represión militar hubo quienes sostenían que lo mejor tanto para los militantes como para la gente de la villa era que quienes iban allí a hacer trabajo de alfabetización y evangelización se alejaran por un tiempo. Yo he participado en discusiones con catequistas que se negaban a hacerlo porque decían que tenían mandato de Dios, y en ese caso no había cómo obligarlos. Con el mismo criterio de preservar a la gente, Bergoglio les ordenó a los sacerdotes que se alejaran de la villa. Pero la Compañía de Jesús es una Orden organizada en forma militar desde San Ignacio de Loyola. No le obedecieron y los separó de la Compañía. Yo no afirmo que esa haya sido la mejor actitud posible, pero no puede confundirse con entregarlos”, sostiene la Defensora del Pueblo, quien tiene recuerdos contemporáneos a los hechos de las gestiones del ex Provincial jesuita para obtener la libertad de Yorio y Jalics. 

Cuando recuperó su libertad, en octubre de 1976, Yorio pasó a depender del arzobispado de Quilmes. Actualmente atiende una parroquia en la República Oriental del Uruguay, donde aceptó narrar su historia. Jalics es de origen húngaro y vive en una casa de oración de Alemania, donde fue consultado para este artículo. “Ha pasado casi un cuarto de siglo, estoy muy lejos de todo eso. ¿Para qué remover recuerdos dolorosos?”, dijo. Bergoglio recibió al autor de la nota en sus oficinas en el segundo piso de la sede del arzobispado, junto a la Catedral, pero sólo para decir que no estaba molesto con el artículo del domingo pasado y que no concedería ningún reportaje. No obstante el silencio que Jalics y Bergoglio prefirieron hacer sobre los hechos de 1976, sacerdotes que conocen en profundidad las posiciones de uno y otro aceptaron transmitir el pensamiento de cada uno de ellos, bajo condición de anonimato.

“Comunista y subversivo”


“Era obvio para todos el peligro que existía”, comienza Yorio. “En mayo de 1974 habían ametrallado a Carlos Mujica, poco después mataron a dos sacerdotes villeros más, uno en San Isidro y otro en Bernal. A comienzos de 1975 yo fui separado de mis cátedras de teología en la facultad de los jesuitas de San Miguel.” Allí, como responsable de la planificación pedagógica había hecho una relectura social de la teología, lo que se conoció como teología de la liberación. “Se me separó sin proceso y sin razones académicas. Solamente se me dio un mandato de obediencia, siendo Bergoglio el Provincial. El mismo Bergoglio personalmente reconoció luego que eso fue muy injusto, pero lo decía como si él hubiera sido un tercero ajeno. ‘Lo que te hicieron’, decía, como si lo ocurrido no hubiera dependido de él. Al mismo tiempo, desde San Miguel y el provincialato se hacían correr por debajo, sin darme lugar a defenderme, rumores acerca de que yo era comunista, subversivo y guerrillero y que andaba con mujeres. Rumores que llegaban de inmediato a los sectores sociales que en ese momento manejaban el poder y la represión. Francisco Jalics fue el primero que varias veces hizo notar el peligro. En ese sentido advirtió por escrito a varios jesuitas del peligro al que la Compañía me estaba exponiendo, y haciendo notar que el responsable era Bergoglio”. La persona que aceptó transmitir algunas reflexiones de Jalics dijo que “durante meses Bergoglio contó a todo el mundo que los dos sacerdotes estaban en la guerrilla. Hay testigos de eso. Jalics y Yorio fueron a hablar con algunos profesores del Colegio Máximo que repetían esas versiones. Dijeron que tenían noticias seguras. Un obispo le confesó a Jalics que era Bergoglio quien se lo había dicho. Jalics le reprochó que jugara así con la vida de ambos, y Bergoglio lo negó, dijo que le iba a decir a los militares que no les hicieran nada. Dos semanas después, Jalics le preguntó si había hecho esa gestión y Bergoglio respondió que aún no había podido. A la semana siguiente los secuestraron”. Un sacerdote que conoce la intimidad del pensamiento del Arzobispo de Buenos Aires negó esos tremendos cargos. “Bergoglio nunca pudo haberlos caracterizado como guerrilleros o comunistas, entre otras cosas porque nunca creyó que lo fueran”, dijo.

El secuestro


“Nosotros habíamos ido a vivir a la villa del Bajo Flores con aprobación y con mandato de Bergoglio. Y eso significaba un gran compromiso con mucha gente. Yo tenía 30 catequistas, algunos hoy desaparecidos, estaba comprometido con el grupo de sacerdotes villeros, por nuestra casa pasaban continuamente religiosos, sacerdotes y laicos comprometidos con los pobres. Jalics daba retiros espirituales a 500 personas por año, yo tenía tres centros de evangelización en la villa. Era una presencia notable”, continúa Yorio. “A los pocos meses de habernos enviado a la villa, Bergoglio empezó a decirnos que sobre él pesaban fuertes presiones desde Roma y desde la Argentina para que disolviéramos dicha comunidad y abandonáramos la villa. El como Provincial podría habernos ordenado que saliéramos de allí, pero no quería asumir esa responsabilidad. Quería que nosotros dejáramos voluntariamente todos nuestros compromisos, que asumiéramos abandonar a los pobres, después de darnos el mandato de ir allí. No podía decirnos de dónde provenían dichas presiones. No puedo defenderlos, decía.” 

Yorio viajó a Mar del Plata donde el cardenal Eduardo Pironio, que era el encargado de los religiosos de todo el mundo, le aconsejó que dejara la Compañía, “porque el General estaba en contra de nosotros. Fue un camino de dos años en el que se sabía que me podían matar, por esa desprotección en que nos dejaba la Iglesia dirigente, como también fueron los casos de Mujica y del obispo Angelelli. Finalmente Bergoglio vino de Roma con una carta del general de los jesuitas, Pedro Arrupe”, agrega Yorio. “La carta nos ordenaba que en 15 días dejáramos la villa. Fue a fin de febrero de 1976, el miércoles de ceniza, antes de que comenzara la cuaresma, luego de dos años de tironeo. A Jalics lo trasladaban fuera del país, y debíamos cortar todos nuestros compromisos. Le hice notar a Bergoglio el escándalo y la cobardía que implicaba abandonar bruscamente todo lo emprendido. Me contestó que la solución era que pidiéramos salir de la Compañía. En ese caso él gestionaría que nos dejaran unos meses más en la villa, para poder retirarnos ordenadamente. Entonces le pedimos al General salir de la Compañía, pero nunca llegamos a conocer la respuesta. Para salir necesitábamos un obispo que nos recibiera y nos protegiera, porque no puede haber curas que no dependan de alguien. Pasamos dos meses buscando un obispo benévolo. Vimos a [l obispo de Morón Miguel] Raspanti, a [l de Santa Fe, Vicente] Zaspe, a [l de Lomas de Zamora, Desiderio] Colino, a [l vicario del arzobispado de la Capital, monseñor Mario José] Serra. Nos atendían bien pero pronto venía un aviso de que había informes graves secretos contra nosotros, por lo que no nos podían recibir en sus diócesis. Cuando preguntábamos por qué, nos respondían que le preguntáramos al Provincial.” 

–¿Le preguntaron?

–El decía son cosas de Raspanti que está viejito, o de tal otro obispo que tiene muchas vueltas. Dos meses pasamos así, en aquel momento terrible. 

Por último, recurrieron a un canonista experto en derecho. “Nos dijo que la situación era muy grave, que sólo un obispo canonista podía ver eso y nos pidió turno con monseñor Horacio Bossoli. Pero llegado el momento nos hizo decir que tenía prohibición de recibirnos. Un lunes monseñor Serra me comunicó que [el Cardenal Juan Carlos] Aramburu había decidido suspendernos a divinis. Fui a verlo a Bergoglio, me dijo que eran berretines del cardenal, pero que no me preocupara y siguiera celebrando en privado. La entrevista frustrada con Bossoli fue el miércoles, el viernes Raspanti recibió en su diócesis a otro sacerdote jesuita de nuestro grupo, Luis Dourrón, pero a Jalics y a mí no. El domingo nos chupó la Armada”. Años después, Yorio recibió a través de un canonista un mensaje de Aramburu: “Quería que yo no pensara que él me había entregado”.

Diálogos con los comandantes


–Alicia Oliveira conoció en aquel momento las gestiones de Bergoglio para conseguir la libertad de ustedes.

–No tengo indicios para pensar que Bergoglio nos liberó, al contrario. A mis hermanos les avisó que yo había sido fusilado, no sé si lo dijo como cosa posible o segura, para que fueran preparando a mi madre. Cuando quedé en libertad me confesó que dos veces lo visitó un oficial de la policía para avisarle nuestro fusilamiento. Monseñor [Emilio Teodoro] Graselli les informó a los sacerdotes villeros que ya habíamos muerto. Tengo muchas misas de difuntos dichas por mí. También se lo dijo Tortolo a las Religiosas de María Ward que tenían casa en Paraná. Fuera del país, en el New York Times se publicó la noticia de nuestra muerte, la Cruz Roja internacional tenía esa información, los familiares de Jalics celebraron funerales –dice Yorio. 

A su juicio, Bergoglio “tenía comunicación con Massera, le habrían informado que yo era el jefe de los guerrilleros y por eso se lavó las manos y tuvo esa actitud doble. No esperaban que no pudieran encontrar nada para acusarme, ni que saliera vivo. Los carceleros me informaron que a todos los que estaban en nuestra situación, encadenados de pies y manos, sin información, sin luz, los mataban”. Más aún, sospecha que Bergoglio estuvo presente en la casa operativa de la Armada en la que pasaron varios meses luego de salir de la ESMA. “Una vez nos dijeron que teníamos visita importante. Vino un grupo de gente, en junio. Francisco Jalics sintió que uno era Bergoglio”, dice. 

–¿Cómo lo sintió?

–En esas circunstancias uno hasta reconoce al carcelero por los latidos del corazón. Uno de los visitantes dijo: “Ah, esos son los curas amigos de [l padre Alberto] Carbone”. (Carbone es el sacerdote que fue acusado por su relación con Mario Firmenich en el secuestro del ex dictador Pedro Aramburu). 

Yorio no sólo se basa en las percepciones sensoriales de su compañero de cautiverio. También menciona una visita que Bergoglio recibió en junio, de Alicia McCormick de Moore, madre de un pastor metodista desaparecido. “Ella le preguntó por nosotros. Bergoglio le dijo que nos había visto, que no pasábamos frío, porque teníamos frazadas. Y era cierto, nos dieron frazadas, que no todos tenían”, dice Yorio. Otros sacerdotes jesuitas señalan que si el recuerdo de Alicia Oliveira fuera cierto, Bergoglio se habría reunido con Massera para pedir por Yorio y Jalics recién cinco meses después de su secuestro.

El sacerdote que conoce el pensamiento de Bergoglio sobre esta cuestión niega tal cronología. “Lo de los cinco meses no es cierto. Bergoglio se movió desde el primer día y vio dos veces a Videla y otras dos a Massera, pese a lo difícil que era en ese momento conseguir audiencia con ellos. En la primera reunión con cada uno, tanto Videla como Massera le dijeron que no sabían qué había ocurrido y que iban a averiguar. Cuando Bergoglio tuvo información de que estaban en la ESMA, pidió una nueva audiencia con Videla y se lo comunicó. Videla dijo que el Ejército y la Marina tenían comandos separados, que iba a hablar con Massera, pero que no era fácil. En la segunda reunión, Massera estaba fastidiado con ese jovencito de 37 años que se atrevía a insistir”. El sacerdote corrigió algunos detalles del diálogo entre el entonces Provincial de los Jesuitas y el ex jefe de la Armada, que fue publicado aquí el domingo último.

–Ya le dije a Tortolo lo que sabía –dijo Massera.

–A monseñor Tortolo –corrigió Bergoglio.

–Mire Bergoglio –comenzó Massera, molesto por la corrección.

–Mire Massera –le respondió en el mismo tono Bergoglio, antes de reiterarle que sabía dónde estaban los sacerdotes y reclamarle por su libertad, dice el sacerdote que conoce el pensamiento de Bergoglio.

Cuenta de conciencia


Yorio y Jalics fueron drogados y conducidos en un helicóptero hasta un bañado en Cañuelas donde despertaron rodeados de pastizales. “Fue en vísperas de la reunión del Episcopado con Martínez de Hoz. El diario La Opinión entendió que era una forma de congraciarse con el Episcopado. Pero los propios diarios se preguntaban por qué las autoridades eclesiásticas no dieron ningún informe de lo sucedido”, dice Yorio. El 16 de julio de 1985 cuando Yorio declaró como testigo ante la Cámara Federal que juzgó a Videla, Massera & Cia, el defensor de Massera, Jaime Prats Cardona le preguntó si había averiguado luego por qué le quitaron las dispensas.

–No. Como toda disposición de la Iglesia fue para favorecerme. No cabía averiguar –respondió Yorio. También dijo que en cuanto recuperó su libertad se escondió en una iglesia y se comunicó con Bergoglio, a quien entonces no consideraba cómplice de lo sucedido. Ante los jueces, Yorio también dijo que Bergoglio había hecho gestiones por su libertad ante Massera. “Al salir yo pensaba que era jesuita todavía. Los jesuitas hacemos algo que se llama la cuenta de conciencia, le contamos al superior hasta las cosas más íntimas. Yo lo cumplí hasta último momento, porque creía en Bergoglio. A él le había dado una carta que le escribí al general de los jesuitas y que el padre Pedro Arrupe nunca recibió. Mi trámite para abandonar la Compañía quedó en una situación no clara. Yo no firmé las dimisiones, hice el pedido pero nunca recibí ningún informe. Antes de que me secuestraran, Bergoglio me dijo que me dejaba seguir celebrando en privado. Por eso cuando quedé libre lo llamé. En el interrogatorio en la ESMA me hicieron alusión a que ya no era sacerdote. Al quedar libres, el propio Bergoglio, vino a verme y me avisó que no era más jesuita, porque él había hecho el trámite sin necesidad de que yo me molestara, para comodidad mía, que estaba escondido. Pero después en Roma me enteré que me habían expulsado. Ese día Bergoglio reconoció que una serie de jesuitas habían hablado con los obispos para que no nos recibieran pero que él ya lo había arreglado y que había conseguido que un obispo me recibiera.” Se trató de Jorge Novack, en cuya diócesis de Quilmes Yorio estuvo desde entonces, salvo tres años que pasó en Roma. 

“Bergoglio no me quería mandar a Roma, pero por presión de mi familia y de Novack salí. Estaba escondido, porque hubo una orden de Videla de buscarme. Había razzias. Recién cuando llegué a Roma, el secretario del general de los jesuitas me sacó la venda de los ojos. El padre Gaviña, colombiano como el actual general Restrepo, había estado en la Argentina, fue maestro de novicios y provincial mío, me conocía bien. El me informó que yo había sido expulsado de la Compañía. También me contó que el embajador argentino en el Vaticano le informó que el gobierno decía que habíamos sido capturados por las Fuerzas Armadas porque nuestros superiores eclesiásticos habían informado al gobierno que al menos uno de nosotros era guerrillero. Gavigna le pidió que lo confirmara por escrito, y el embajador lo hizo”, dice Yorio. Otro de los puntos que destaca es que el ex Provincial, “nunca quiso presentarse ante la Justicia. Cuando fue el juicio yo me remití a él. Fue citado y rehusó presentarse, porque estaba enfermo en Córdoba”. La fiscalía le preguntó si “supo que se informara a la autoridad eclesiástica días antes de su liberación”. Yorio dijo que “estando en prisión no. Fuera me lo comentaron, que Massera avisó al Nuncio” Pio Laghi.

La versión que transmite el sacerdote que conoce el pensamiento de Bergoglio afirma que a raíz de problemas ocurridos en la comunidad del Barrio Rivadavia, frente a la villa del Bajo Flores, el Provincial había dispuesto que los sacerdotes debían dejar esa comunidad o la Compañía. En el momento del secuestro Yorio ya no era jesuita, pese a lo cual Bergoglio hizo todas las gestiones para conseguir su libertad, dice. 

–¿Por qué debían dejar la villa?

–La villa no, la comunidad jesuita del Barrio Rivadavia. De hecho otros sacerdotes jesuitas siguieron en las villas y la Compañía no se los prohibió.

La unción


Mónica Candelaria Mignone, de 24 años, fue detenida en el domicilio donde vivía con sus padres por una patrulla que dijo ser del Ejército, el 14 de mayo de 1976 y nunca reapareció. El 23 de mayo más de cien soldados con camiones militares y patrulleros policiales arrearon con los sacerdotes y con otros siete catequistas. Los catequistas quedaron en libertad al día siguiente, luego de oír el sermón de un encapuchado que se presentó como “El Verdugo” y les dijo: “La villa no es para ustedes. No vuelvan a pisarla o aparecen en un zanjón”. En una carta abierta que ningún medio de la época publicó, Mignone escribió en agosto de 1976: “¿Acaso no se negó, pese a todas las evidencias, que los sacerdotes jesuitas Yorio y Jalics que están incomunicados desde hace tres meses, sin cargos contra ellos no habían sido detenidos? Lo mismo que los quince catequistas que fueron largados encapuchados y encadenados después de doce horas de hambre y frío en el Acceso Norte. El almirante Montes, jefe de Operaciones Navales, que niega que mi hija esté detenida en su arma (afirmación de la que me permito dudar totalmente) me dijo que ese procedimiento había sido realizado por la Infantería de Marina, y que los secuestrados fueron conducidos a la Escuela de Mecánica de la Armada. Pero todo eso se negó durante dos meses, hasta que se descubrió por la filtración de la esposa de un oficial”. 

Dos décadas después, Chela Mignone relata que “Emilio escribía una minuta de cada entrevista y la hacía circular como carta, razón por la cual recibíamos muchas amenazas. Un día lo llamaron de la presidencia, un general Ricardo Flouret, quien le mostró la carta en la que Emilio decía que los sacerdotes estaban en la ESMA y le preguntó si era suya. Emilio le dijo que sí y Flouret le preguntó cómo lo sabía. Cada cosa que Emilio le decía, Flouret tomaba nota. Emilio se inquietó y le preguntó qué pasaba. Flouret le dijo que estaba muy interesado porque el Papa le había pedido a Videla por los sacerdotes. Después de esa reunión los dejaron en libertad. Emilio siempre entendió que se debió a esa gestión del Vaticano y no de Bergoglio”, concluye su compañera de medio siglo. El sacerdote que conoce a Bergoglio recuerda que el actual arzobispo se encontró con Mignone luego de una misa de jueves santo en la Catedral. “Quiso hablarle, pero Mignone tenía una posición tomada y no quiso escucharlo”, dice.

Vestido con un viejo traje gris, cerrado con un cuello de celuloide blanco sobre la camisa oscura como única identificación sacerdotal, Bergoglio calza unos gastados y brillosos zapatos negros. Si estas cuestiones debieran dirimirse por impresiones personales, el Arzobispo correría con ventaja. Habla con el lenguaje llano de Buenos Aires, pero sin los constantes lunfardismos de su predecesor, Antonio Quarracino. Delgado, con un mechón de pelo gris que cae sobre su frente y le da un aire juvenil a sus 62 años, tiene algo de Fred Astaire o Stan Laurel. Es cálido y persuasivo, muy parecido al retrato que pintan sus ex compañeros jesuitas que hoy lo aborrecen. De nada de eso está dispuesto a hablar. “Le doy esto para que me conozca”, dijo mientras entregaba una copia de su homilía en la Misa Crismal del 1º de abril de este año. Ese texto espiritualista se refiere a “la unción con el aceite perfumado, que es símbolo de gozo y alegría”. Redactado semanas antes de que se iniciara esta polémica, contiene referencias a “las dificultades y conflictos que suelen suscitarse entre nosotros sacerdotes”. Al respecto sostiene que “especialmente en esos conflictos queremos tener aquella unción que le hacía decir a David, en medio de sus luchas con Saúl: ‘líbreme el Señor de levantar la mano contra el ungido del Señor’, para que así abundemos en respeto y concordia fraterna”.




http://www.pagina12.com.ar/1999/99-05/99-05-09/index.htm

J. BERGOGLIO Y LA SOMBRA DEL GOBIERNO MILITAR


Se introduce este fragmento del articulo de H. Verbitsky en virtud de lo decisivo de los testimonios aportados por las victimas y por sus familiares, que hablan de cómo actuó Jorge Bergoglio en el contexto de la dictadura militar y del terrorismo de Estado, en el marco del plan sistemático de desaparición de personas que ésta aplicó, especialmente, en lo referido a su función en el ámbito eclesiástico de esa época. 

Indudablemente, sorprenden las declaraciones de Perez Esquivel... Hasta donde se conoce, los documentos y testimonios aportados por los testigos de las causas, dicen lo opuesto, y  muy por el contrario, reafirman el vinculo y el silencio cómplice de quien fuera su Superior Provincial. La controversia y las sospechas en torno del mismo, también se vinculan...

aportes en la crisis

La llaga abierta 


Publiqué la historia en esta misma columna, el 25 de abril de 1999. Además de la opinión de Mignone, la nota incluyó la de quien fue su colaboradora en el CELS, la abogada Alicia Oliveira, quien dijo lo que ahora repite en el libro: que su amigo Bergoglio, preocupado por la inminencia del golpe, temía por la suerte de los sacerdotes del asentamiento y les pidió que salieran de allí. Cuando los secuestraron, trató de localizarlos y procurar su libertad, así como ayudó a otros perseguidos. A raíz de aquella nota, Orlando Yorio se comunicó conmigo desde el Uruguay, donde vivía. Por teléfono y correo electrónico refutó las afirmaciones de Bergoglio y Oliveira. “Bergoglio no nos avisó del peligro en ciernes” y “tampoco tengo ningún motivo para pensar que hizo algo por nuestra libertad, sino todo lo contrario”, dijo. Los dos sacerdotes “fueron liberados por las gestiones de Emilio Mignone y la intercesión del Vaticano y no por la actuación de Bergoglio, que fue quien los entregó”, agregó Angélica Sosa de Mignone, Chela, la esposa durante medio siglo del fundador del CELS. Sus testimonios se incluyeron en la nota “La llaga abierta”, que se publicó el 9 de mayo de 1999. También se transmitieron allí las posiciones de Bergoglio y del otro cura secuestrado aquel día, Francisco Jalics. 

Del articulo "El pasado me condena" de H. Verbitsky para Pagina /12, en 2010.-


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El Papa Francisco
En su libro autobiográfico "El Jesuita", publicado en 2010, Bergoglio rechazó las acusaciones en su contra.



Jorge Bergoglio y la sombra del gobierno militar


El nombramiento de Jorge Mario Bergoglio como nuevo Papa revivió la polémica en torno su actuación durante el régimen militar argentino (1976-1983).

Así como en 2005 al ser elegido papa Benedicto XVI se cuestionó su pertenencia a las Juventudes Hitlerianas, con la elección el miércoles del papa Francisco resurgieron las críticas de quienes lo acusan de no haber hecho lo suficiente para oponerse al régimen militar.

Pero en declaraciones a BBC Mundo, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, compatriota del Sumo Pontífice, defendió la conducta del Papa durante los años de gobierno militar en Argentina, diciendo que "no tenía vínculo con la dictadura".


Según apunta desde Buenos Aires la periodista de BBC Mundo Veronica Smink, los señalamientos contra Bergoglio, por su relación con el gobierno de facto encabezado inicialmente por el general Jorge Videla tomaron fuerza cuando el diario argentino Página 12 publicó en 2010 un informe en el que se le acusaba de haber colaborado con las autoridades de la época.

El periodista Horacio Verbitsky -recuerda Smink- recogió testimonios de personas que aseguraron que, mientras era superior de la congregación jesuita en Argentina, Bergoglio había retirado su protección a dos sacerdotes de su orden que realizaban tareas sociales en barrios marginales.
Los dos religiosos -Orlando Yorio y Francisco Jalics- fueron detenidos en mayo de 1976 y permanecieron en cautiverio durante cinco meses en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) hasta que fueron liberados.

En su libro autobiográfico "El Jesuita", publicado en 2010, Bergoglio rechazó las acusaciones, afirmando: "Hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba, para abogar por personas secuestradas".
Y agregó que no había respondido a la imputación hasta ese momento "para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar".

Testigo en varias causas





Los defensores del nuevo Papa aseguran que ayudó a exiliarse a perseguidos por el régimen militar argentino.

En 2010, el ahora papa Francisco testificó desde su oficina en el juicio por el secuestro de los dos sacerdotes. En su declaración, Bergoglio aseguró que se reunió con el general Videla y con el que era su número dos, el almirante Emilio Massera, para reclamar por la vida de los curas.

Pero este no es único caso con el que se vincula al Pontífice. Bergoglio también fue llamado a declarar como testigo en la causa de Elena de la Cuadra, hija de una de las cofundadoras de las Abuelas de Plaza de Mayo que desapareció cuando estaba embarazada.
Al parecer, la familia de De la Cuadra se comunicó con Bergoglio por carta en varias ocasiones para pedirle que intercediera por la vida de la joven.

El nuevo Sumo Pontífice también fue citado en Francia en el marco de una causa penal abierta en ese país por el secuestro y posterior asesinato en 1976 en la provincia de La Rioja del sacerdote Gabriel Longueville, de origen francés.
Pero pese a su rol de testigo en estos casos, según recuerda nuestra compañera Veronica Smink, la justicia argentina jamás presentó una acusación en contra de Bergoglio.

Al contrario, los defensores del Papa sostienen que el nuevo obispo de Roma escondió y ayudó a exiliarse a varios perseguidos por el régimen. "No tenía vínculos con la dictadura"

"A Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los jesuitas, pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes, y no se les concedía"


Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz


En opinión del premio Nobel de la paz y activista de los derechos humanos argentino Adolfo Pérez Esquivel, Bergoglio "no tenía vínculos con la dictadura".

"Hubo obispos que fueron cómplices pero Bergoglio no", señaló Pérez Esquivel en entrevista con BBC Mundo.
"A Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los jesuitas, pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes, y no se les concedía. Les decían que sí y luego no se la daban", aseguró.

Pérez Esquivel, quien recibió el premio Nobel en 1980 por su trabajo en defensa de los derechos humanos en América Latina, reconoce que durante el gobierno militar "hubo muchos obispos que fueron pasivos" y "la jerarquía eclesiástica en muchos casos guardó silencio".

"Si la Conferencia Episcopal se hubiera unido y hubiesen tenido una sola voz, hubieran tenido una gran fuerza para salvar vidas, pero eso no pasó en Argentina".
En cualquier caso, Pérez Esquivel recuerda que muchos religiosos "hicieron gestiones silenciosas para liberar a muchos presos".
"Hubo muchos sacerdotes y religiosas que fueron perseguidos, encarcelados y torturados. La persecución se daba en todos los sectores sociales. No sólo de religiosos sino también de laicos que participaban en las comunidades de base, en las parroquias, que también fueron secuestrados y desaparecidos, hasta el día de hoy".

Habrá que ver cómo afecta esta polémica al nuevo Papa, quien tiene ante sí la ardua tarea de reparar la imagen de la Iglesia Católica tras los escándalos de pederastia e intentar cortar la sangría de fieles que se está produciendo en muchas partes del mundo.




http://www.bbc.co.uk

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/03/130313_papa_vaticano_francisco_eleccion_bergoglio_vinculos_gobierno_militar_jg.shtm


miércoles, 13 de marzo de 2013

BERGOGLIO EN LA DICTADURA: CINCO NUEVOS TESTIMONIOS RECORDANDO CON IRA por Horacio Verbitsky


LOS ARTÍCULOS DE  VERBITSKY EN PAGINA /12 DEL AÑO 2010 SOBRE JORGE BERGOGLIO.






Domingo, 18 de abril de 2010 

CINCO NUEVOS TESTIMONIOS SOBRE BERGOGLIO EN 1976

Recordando con ira



Marina Rubino (con su esposo, Pepe Godino). La teóloga escuchó de labios del obispo Raspanti que Bergoglio le impidió recibir en su diócesis de Morón a Yorio y Jalics. Días después los secuestraron.


El rol del ahora cardenal Bergoglio en la desaparición de sacerdotes y el apoyo a la represión dictatorial es confirmado por cinco nuevos testimonios. Hablan un sacerdote y un ex sacerdote, una teóloga, un seglar de una fraternidad laica que denunció en el Vaticano lo que ocurría en la Argentina en 1976 y un laico que fue secuestrado junto con dos sacerdotes que no reaparecieron. La iracunda reacción de Bergoglio, quien atribuye al gobierno el escrutinio de sus actos.



Por Horacio Verbitsky



Cinco nuevos testimonios, ofrecidos en forma espontánea a raíz de la nota “Su pasado lo condena”, confirman el rol del ahora cardenal Jorge Bergoglio en la represión del gobierno militar sobre las filas de la Iglesia Católica que hoy preside, incluyendo la desaparición de sacerdotes. Quienes hablan son una teóloga que durante décadas enseñó catequesis en colegios del obispado de Morón, el ex superior de una Fraternidad sacerdotal que fue diezmada por las desapariciones forzadas, un seglar de la misma Fraternidad que denunció los casos al Vaticano, un sacerdote y un laico que fueron secuestrados y torturados.

Teóloga con minifalda



Dos meses después del golpe militar de 1976 el obispo de Morón, Miguel Raspanti, intentó proteger a los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics porque temía que fueran secuestrados, pero Bergoglio se opuso. Así lo indica la ex profesora de catequesis en colegios de la diócesis de Morón, Marina Rubino, quien en esa época estudiaba teología en el Colegio Máximo de San Miguel, donde vivía Bergoglio. Por esa circunstancia conocía a ambos. Además había sido alumna de Yorio y Jalics y sabía del riesgo que corrían. Marina decidió dar su testimonio luego de leer la nota sobre el libro de descargo de Bergoglio.

Marina Rubino vive en Morón desde siempre. En el Colegio del Sagrado Corazón de Castelar daba catequesis a los chicos y formaba a los padres, que le parecía lo más importante. “Una vez por mes nos reuníamos con ellos. Era un trabajo hermoso. Esta experiencia duró quince años”. También dio cursos de iniciación bíblica “en todos los lugares no turísticos de la Argentina. Teníamos una publicación, con comentarios a los textos de los domingos, queríamos que las comunidades tuvieran elementos para pensar”. Desde que se jubiló da clases de telar, en centros culturales, sociedades de fomento o casas.

No quiso ingresar al seminario de Villa Devoto porque no le interesaba la formación tomista, sino la Biblia. En 1972 comenzó a estudiar Teología en la Universidad del Salvador. La carrera se cursaba en el Colegio Máximo de San Miguel. En primer año tuvo como profesor a Francisco Jalics y en segundo a Orlando Yorio. Mientras estudiaba, coordinaba la catequesis en el colegio Sagrado Corazón de Castelar, donde también estaba la religiosa francesa Léonie Duquet. “Eran tiempos difíciles. Por hacer en el colegio una opción por los pobres tomándonos en serio el Concilio Vaticano II y la reunión del CELAM en Medellín perdimos la mitad del alumnado. Pero mantuvimos esa opción y seguimos formando personas más abiertas a la realidad y al compromiso con los más necesitados sosteniendo que la fe tiene que fortalecer estas actitudes y no las contrarias.” El obispo era Miguel Raspanti, quien entonces tenía 68 años y había sido ordenado en 1957, en los últimos años del reinado de Pío XII. Era un hombre bien intencionado que hizo todos los esfuerzos por adaptarse a los cambios del Concilio, en el que participó. Después del cordobazo de 1969 repudió las estructuras injustas del capitalismo e instó al compromiso con “la liberación de nuestros hermanos necesitados”. Pero el problema más grave que pudo identificar en Morón fue el aumento de los impuestos al pequeño comerciante y el propietario de la clase media. “Muchas veces hubo que discutir y sostener estas opciones en el obispado y monseñor Raspanti solía terminar las entrevistas diciéndonos que si creíamos que había que hacer tal o cual cosa, si estábamos convencidos, él nos apoyaba”, recuerda Marina. Sus palabras son seguidas con atención por su esposo, Pepe Godino, un ex cura de Santa María, Córdoba, que integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

Marina cursaba teología en San Miguel de 8.30 a 12.30. No le habían dado la beca porque era mujer, pero como era la coordinadora de catequesis en un colegio del obispado, Raspanti intercedió y obtuvo que una entidad alemana se hiciera cargo del costo de sus estudios. Tampoco le quisieron dar el título cuando se recibió, en 1977. El director del teologado, José Luis Lazzarini, le dijo que había un problema, que no se habían dado cuenta de que era mujer. Marina partió en busca de quien la había recibido al ingresar, el jesuita Víctor Marangoni:

–Cuando me viste por primera vez, ¿te diste cuenta o no de que era mujer?

–Sí, claro, ¿por qué? –respondió azorado el vicerrector ante esa tromba en minifalda.

–Porque Lazzarini no me quiere dar el título.

Marangoni se encargó de reparar ese absurdo. Marina tiene su título pero nunca se realizó la entrega oficial.

La desprotección


Un mediodía, al salir de sus cursos, “lo encuentro a monseñor Raspanti parado en el hall de entrada, solo. No sé por qué lo tenían allí esperando. Estaba muy silencioso, le pregunté si esperaba a alguien y me dijo que sí, que al padre provincial Bergoglio. Tenía el rostro demudado, pálido, creí que estaba descompuesto. Lo saludé, le pregunté si se sentía bien, y lo invité a pasar a un saloncito de los que había junto al hall”.

–No, no me siento mal, pero estoy muy preocupado –le respondió Raspanti.

Marina dice que tiene una memoria fotográfica de aquel día. Habla con voz calma pero se advierte el apasionamiento en sus ojos grandes y expresivos. Pepe la mira con ternura.

“Me impresionó verlo solo a Raspanti, que siempre iba con su secretario”, dice. Marina sabía que sus profesores Jalics y Yorio y un tercer jesuita que trabajaba con ella en el colegio de Castelar, Luis Dourron, habían pedido pasar a la diócesis de Morón. Yorio, Jalics, Dourron y Enrique Rastellini, que también era jesuita, vivían en comunidad desde 1970, primero en Ituzaingó y luego en el Barrio Rivadavia, junto a la Gran Villa del Bajo Flores, con conocimiento y aprobación de los sucesivos provinciales de la Compañía de Jesús, Ricardo Dick O’Farrell y Bergoglio. “Le dije que Orlando y Francisco habían sido profesores míos y que Luis trabajaba con nosotros en la diócesis, que eran intachables, que no dudara en recibirlos. Todos estábamos pendientes de que pudieran venir a Morón. Ninguno de los que conocíamos la situación nos oponíamos. Raspanti me dijo que de eso venía a hablar con Bergoglio. A Luis ya lo había recibido, pero necesitaba una carta en la que Bergoglio autorizara el pase de Yorio y Jalics.”

Marina entendió que era una simple formalidad, pero Raspanti le aclaró que la situación era más complicada. “Con las malas referencias que Bergoglio le había mandado él no podía recibirlos en la diócesis. Estaba muy angustiado porque en ese momento Orlando y Francisco no dependían de ninguna autoridad eclesiástica y, me dijo:

–No puedo dejar a dos sacerdotes en esa situación ni puedo recibirlos con el informe que me mandó. Vengo a pedirle que simplemente los autorice y que retire ese informe que decía cosas muy graves.

Cualquiera que ayudara a pensar era guerrillero, comenta Marina. Acompañó a su obispo hasta que Bergoglio lo recibió y luego se fue. Al salir vio que tampoco estaba en el estacionamiento el auto de Raspanti. “Debe haber venido en colectivo, para que nadie lo siguiera. Quería que la cosa quedara entre ellos dos. Estaba haciendo lo imposible por darles resguardo.”

La teóloga agrega que le impresionó la angustia de Raspanti, “que si bien no podía ser calificado de obispo progresista, siempre nos defendió, defendió a los curas cuestionados de la diócesis, se llevaba a dormir a la casa episcopal a los que corrían más riesgo y nunca nos prohibió hacer o decir algo que consideráramos fruto de nuestro compromiso cristiano. Como buen salesiano se portaba como una gallina clueca con sus curas y sus laicos, cobijaba, cuidaba aunque no estuviera de acuerdo. Eran puntos de vista distintos, pero él sabía escuchar y aceptaba muchas cosas”. Uno de esos curas es Luis Piguillem, quien había sido amenazado. Regresaba en bicicleta cuando se topó con un cordón policial que impedía el paso. Insistió en que quería pasar, porque su casa estaba en el barrio y un policía le dijo:

–Vas a tener que esperar porque estamos haciendo un operativo en la casa del cura.

Piguillem dio vuelta con su bicicleta y se alejó sin mirar hacia atrás. De allí fue al obispado de Morón, donde Raspanti le dio refugio. Los militares dijeron que se había escondido bajo las polleras del obispo. Pero no se atrevieron a buscarlo allí.

–¿Raspanti era consciente del riesgo que corrían Yorio y Jalics?

–Sí. Dijo que tenía miedo de que desaparecieran. No pueden quedar dos sacerdotes en el aire, sin un responsable jerárquico. Pocos días después supimos que se los habían llevado.
De Córdoba a Cleveland

Otro testimonio recogido a raíz de la publicación del domingo es el del sacerdote Alejandro Dausa, quien el martes 3 de agosto de 1976 fue secuestrado en Córdoba, cuando era seminarista de la Orden de los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette. Luego de seis meses en los que fue torturado por la policía cordobesa en el Departamento de Inteligencia D2 pudo viajar a Estados Unidos, adonde ya había llegado el responsable del seminario, el sa-

cerdote estadounidense James Weeks, por quien se interesó el gobierno de su país. Este año se realizará en Córdoba el juicio por aquel episodio, cuyo principal responsable es el general Luciano Menéndez. Ahora Dausa vive en Bolivia y cuenta que tanto Yorio como Jalics le dijeron que Bergoglio los había entregado.

Al llegar a Estados Unidos supo por organismos de derechos humanos que Jalics se encontraba en Cleveland, en casa de una hermana. Dausa y los otros seminaristas, que estaban iniciando el noviciado, lo invitaron a dirigir dos retiros espirituales. Ambos se realizaron en 1977, uno en Altamont (estado de Nueva York) y otro en Ipswich (Massachusetts). Recuerda Dausa: “Como es natural, conversamos sobre los secuestros respectivos, detalles, características, antecedentes, señales previas, personas involucradas, etc. En esas conversaciones nos indicó que los había entregado o denunciado Bergoglio”.

En la década siguiente, Dausa trabajaba como cura en Bolivia y participaba de los retiros anuales de La Salette en Argentina. En uno de ellos los organizadores invitaron a Orlando Yorio, que para esa época trabajaba en Quilmes. “El retiro fue en Carlos Paz, Córdoba, y también en ese caso conversamos sobre la experiencia del secuestro. Orlando indicó lo mismo que Jalics sobre la responsabilidad de Bergoglio.”

Los asuncionistas


Yorio y Jalics fueron secuestrados el 23 de mayo de 1976 y conducidos a la ESMA, donde los interrogó un especialista en asuntos eclesiásticos que conocía la obra teológica de Yorio. En uno de los interrogatorios le preguntó por los seminaristas asuncionistas Carlos Antonio Di Pietro y Raúl Eduardo Rodríguez. Ambos eran compañeros de Marina Rubino en el Teologado de San Miguel y desarrollaban trabajo social en el barrio popular La Manuelita, de San Miguel, donde vivían y atendían la capilla Jesús Obrero. De allí fueron secuestrados diez días después que los dos jesuitas, el 4 de junio de 1976, y llevados a la misma casa operativa que Yorio y Jalics. A media mañana Di Pietro llamó por teléfono al superior asuncionista Roberto Favre y le preguntó por el sacerdote Jorge Adur, que vivía con ellos en La Manuelita.

–Recibimos un telegrama para él y se lo tenemos que entregar –dijo.

De ese modo, consiguió que la Orden se pusiera en movimiento. El superior Roberto Favre presentó un recurso de hábeas corpus, que no obtuvo respuesta. Adur logró salir del país, con ayuda del nuncio Pio Laghi, y se exilió en Francia. Volvió en forma clandestina en 1980, convertido en capellán del autodenominado “Ejército Montonero” y fue detenido-desaparecido en el trayecto a Brasil, donde procuraba entrevistarse con el papa Juan Pablo II. El mismo camino del exilio siguió uno de los detenidos en la razzia del barrio La Manuelita, el entonces estudiante de medicina y hoy médico Lorenzo Riquelme. Cuando recuperó su libertad la Fraternidad de los Hermanitos del Evangelio le dio hospitalidad en su casa porteña de la calle Malabia. En comunicaciones desde Francia con quien era entonces el superior de los Hermanitos del Evangelio, Patrick Rice, Riquelme dijo que quien lo denunció fue un jesuita del Colegio de San Miguel, quien era a la vez capellán del Ejército. Está convencido de que ese sacerdote presenció las torturas que le aplicaron, cree que en Campo de Mayo.

El ablande


También como consecuencia de la nota del domingo aceptó narrar su conocimiento del caso un fundador de la Fraternidad seglar de los Hermanitos del Evangelio Charles de Foucauld, Roberto Scordato. Entre fines de octubre y principios de noviembre de 1976, Scordato se reunió en Roma con el cardenal Eduardo Pironio, quien era prefecto de la Congregación vaticana para los religiosos, y le comunicó el nombre y apellido de un sacerdote de la comunidad jesuita de San Miguel que participaba en las sesiones de tortura en Campo de Mayo con el rol de “ablandar espiritualmente” a los detenidos. Scordato le pidió que lo transmitiera al superior general Pedro Arrupe pero ignora el resultado de su gestión, si tuvo alguno. Consultado para esta nota Rice, quien también fue secuestrado y torturado ese año, dijo que eso no hubiera sido posible sin la aprobación del padre provincial. Rice y Scordato creen que ese jesuita se apellidaba González pero a 34 años de distancia no lo recuerdan con certeza.
Iracundia

Como cada vez que su pasado lo alcanza, Bergoglio atribuye la divulgación de sus actos al gobierno nacional. Esta semana reaccionó con furia, durante la homilía que pronunció en una misa para estudiantes. En lo que su vocero describió como “un mensaje al poder político”, dijo que “no tenemos derecho a cambiarle la identidad y la orientación a la Patria”, sino “proyectarla hacia el futuro en una utopía que sea continuidad con lo que nos fue dado”, que los chicos no tienen otro horizonte que comprar un papelito de merca en la esquina de la escuela y que los dirigentes procuran trepar, abultar la caja y promover a los amigos. Con este ánimo iracundo inaugurará mañana en San Miguel la primera asamblea plenaria del Episcopado de 2010.

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