lunes, 19 de diciembre de 2016

CARTA ABIERTA A GABRIELA MICHETTI Por Francisco Olveira



"Tuvimos que abrir dos comedores que dan la cena cada tarde-noche. Ya no damos abasto: más de 140 niños en uno que comenzó en octubre con 30 chicos y el otro que comenzó en abril atiende a más de 120. Esos niños el año pasado cenaban en sus casas con sus papás". 


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OPINIÓN


Carta abierta a Gabriela Michetti



Resultado de imagen para Francisco Olveira Sacerdote en la Isla Maciel, Avellaneda CON LA GENTE
Por Francisco Olveira *


No sé si recuerda Sra. Vicepresidenta de la Nación que el día que ganaron las elecciones usted dijo: “Hay muchos hogares humildes que están sintiendo una nueva esperanza. Pero habrá otros preocupados, con temor tal vez, y para ellos vamos a trabajar muy especialmente”.

Yo estaba entre los preocupados, a un año es angustia al ver como mis vecinos vuelven a caer en la pobreza y la indigencia.

Nuestra Cooperativa textil que hacía guardapolvos para el Ministerio de Desarrollo de la Nación está en su mínima expresión, porque ustedes discontinuaron y bajaron el número de pedidos, además de abrir la importación…

Tuvimos que abrir dos comedores que dan la cena cada tarde-noche. Ya no damos abasto: más de 140 niños en uno que comenzó en octubre con 30 chicos y el otro que comenzó en abril atiende a más de 120. Esos niños el año pasado cenaban en sus casas con sus papás…

Nuestra Fundación llevaba adelante el proyecto “Mejor Vivir” en conjunto con Planificación Federal para el mejoramiento de viviendas; programa que daba trabajo a 15 obreros del barrio y mejoraba casitas destruidas, ranchos miserables, algo que ninguna empresa haría. Ese proyecto tras un año sigue estando en veremos…

Con recursos propios desde hace 8 años implementamos el proyecto Casitas de Belén, microcréditos con asistencia técnica para el mejoramiento de viviendas. Hasta el año pasado no dábamos abasto con las solicitudes, este año casi nadie se acerca. La razón es muy sencilla si no llego a fin de mes cómo voy a pedir un préstamo? Con nuestra ayuda o sin ella nuestro barrio estaba en plena construcción. Pesito que se ahorraba se invertía en ladrillos para que el nene que estaba por nacer tuviera una habitación para él...

Quizás sepa que hasta el año pasado algunos de mis vecinos contaban con un subsidio de 150 pesos mensuales para la carga de la garrafa de gas. Ustedes lo sacaron, quizás por eso la semana pasada vinieron tres mamás que me pidieron si no les cargaba la garrafa porque no tenían para calentarles la leche a sus hijos…

El Anses atendía en nuestra Capilla de la villa una vez a la semana, usted puede imaginarse mejor que nadie lo que esto suponía para personas con discapacidad que no tenían que gastar en un remís, que no debían pagar un escribano para certificar una firma...

La escuela de circo del barrio corre peligro de desaparecer. Provincia iba a pagar algunos sueldos. Llevan un año haciendo malabarismos, pero en algún momento quizás se caiga la pelota y nuestros pibes vuelvan nuevamente a la esquina…

Hasta el año pasado frente a situaciones urgentes como una familia en situación de calle podía derivarlos a la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, donde había un área de asistencia crítica, ahora ya ni lo intento; la última vez todo lo que le ofrecieron era un parador para el hombre, otro para la mujer y los niños repartidos…

Provincia de Buenos Aires por medio de Cáritas enviaba alimentos mensualmente, desde diciembre pasado nos mandaron 4 veces, es cierto que últimamente mandaron de más, quizás haya que ayudar a pasar las fiestas…

En el barrio a la señora del pan casero le creció la competencia: uno vende rosquitas, otro bolitas, acá choripán, allá panchos. Demasiados para tan poca plata en los bolsillos. Demasiados que se quedaron sin trabajo…

Podría seguir contándole muchas más cosas pero no quiero distraerla y así dejarla que siga trabajando duro por nosotros. Quizás ahora entienda nuestra angustia y preocupación. Temor no, en todo caso solo a Dios que un día nos pedirá cuentas de lo que hayamos hecho o dejado de hacer con los más pobres (Mt. 25).

En 2016 subió todo menos la alegría. Por eso hoy mi barrio parece un cementerio de autos, es que muchos de mis vecinos son tan ingenuos que se creyeron eso de que ellos también tenían derecho a un autito –que ahora ya no pueden arreglar y está abandonado en la vereda–, a vacaciones en Lobos o Mar del Plata, algunos hasta se habían comprado un aire acondicionado. 



* Sacerdote en la Isla Maciel, Avellaneda.




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