sábado, 2 de febrero de 2013

ACHAKAZ: MORIR EN EL OLVIDO / CRÓNICA DE UN ETNOCIDIO





Como si fuese un elemento más entre la vasta y rica naturaleza que lo vio nacer y crecer, como si fuese una línea en el caudal de los ríos que lo llevaron y lo mecieron de punta a punta, dándole vida, como una insignificante pieza, como si fuese una más de las tantas piezas de un rompecabezas sistémico, Achakaz, será olvidado... Si lo fue en vida cómo no escaparía a ese estado de inhumana desidia, en la misma muerte... Precisamente, ese olvido, la lacerante yaga que se esparce sobre toda la historia de aquellos que no son para el nuevo orden, ese fue su verdugo y con perfección silenciosa, sin metáforas, asestó su último machetazo, aquel que sella la memoria para siempre. 

Achakaz resistió, como los pocos Kawéskar que persisten en la “disparatada” idea de vivir, Achakaz resistió y vivió 79 años!! No es poco para una lucha asimétrica y desmedida que solamente furibundo, puede entablar un ser humano con las salvajes condiciónes a que fue reducido. Achakaz lo hizo, con la sombra de ese olvido a cuestas, trabajó, amó, produjo la maravilla de la existencia que no se doblega ante la adversidad así como si nada...Su muerte fue hace años, su larga, ignominiosa, martirizada muerte que al final lo alcanzó, fue años allá, pero él, Achakaz, es un signo de nuestro tiempo, de la abulia social que nos distingue hoy, que no cesa, que no se va a terminar, si no damos vuelta la cabeza para mirar, para ver y para ver más que mirando... 

Es un etnocidio, la crónica de uno de los tantos etnocidios que caracterizan al globalizado modelo de conquistadores y managements del presente. El, en sí mismo, es una crónica de 79 años de etnocidio. 

Algunos pocos sobreviven aún, será hora que nos hagamos cargo. Empecemos un día... Cambiémosle el destino a esta pérfida rueda para que al fin de cuentas, no todo lo abarque el olvido.


Raúl Olivares.-

Todos los derechos reservados.-


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6 de Agosto de 2008


Muere uno de los últimos indígenas kawéskar



Achacaz, de 79 años, estaba hospitalizado desde fines de junio en el hospital de las Fuerzas Armadas en Punta Arenas, 3.500 kilómetros al sur de esta capital, donde llegó desnutrido y deshidratado, con un peso de entre 57 y 60 kilos, indicó el director del hospital, doctor Héctor Gómez.



El artesano kawéskar murió de un shock séptico a las 17.30 horas del martes, segun informó el periódico La Prensa Austral, y con él se fue una de las últimas personas que hablaban la lengua de su etnia. A sus miembros también se les conoce como los nómadas del mar, porque vivían a bordo de sus canoas.



Viudo desde 1999, Achacaz vivía solo y pobremente en Punta Arenas, en una humilde casa de madera, ya que la suya se había incendiado hace seis meses y un año antes fue atropellado. Trabajaba haciendo canoas con pieles de lobo y tejiendo canastos con fibras vegetales.


La Prensa Austral publicó el 2 de julio que Achacaz “se ha visto afectado por… abandono familiar. Hace seis años su casa se incendió y pasó a ocupar una mediagua (humilde casa de madera de una o dos piezas) de emergencia, en la cual subsistía en precarias condiciones”.

Una nota del mismo medio denunció en enero que “se veía enfrentando a diario condiciones de insalubridad que ponían en riesgo su salud al no tener cañerías, desagüe y todo colapsado”.

La Corporación de Desarrollo Indígena, Conadi, rechazó las acusaciones de abandono de uno de los últimos kawéskar y en una carta a los medios de prensa afirmó que la municipalidad de Punta Arenas le entregó un subsidio para agua y gas, que contaba con “una red social de apoyo” y que su ingreso personal era “superior al que establece la Línea de la Pobreza”.

Los expertos estiman que los kawéskar o alacalufes sobrevivientes apenas superan la docena, y entre ellos ya no hay mujeres en edad fértil, lo que los condena a desaparecer dentro de poco tiempo.

Sin embargo, un periodista de una radio de Punta Arenas con quien conversó la AP, dijo que él vive hace más de 30 años en esa ciudad austral y no conoce a otro kawéskar puro.

Habitaban los canales patagónicos desde hace unos 6.000 años y vivían a bordo de sus canoas. Eran cazadores-recolectores y se alimentaban especialmente de mariscos y aves marinas.

A mediados del siglo XX se establecieron en tierra, en Puerto Edén, a unos 700 kilómetros al sur de Punta Arenas.





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