domingo, 30 de septiembre de 2012

CHILE:"SE ESTÁN MURIENDO Y NADIE HACE NADA" PRESOS POLÍTICOS MAPUCHES EN HUELGA DE HAMBRE



http://rodolfovarela.blogspot.com.ar/2012/09/chile-los-integrantes-de-ddhh-ven-muy.html

http://liwenmapu.wordpress.com/2011/05/27/wallmapua-73-dias-en-huelga-de-hambre-dos

http://www.mapuche.info/

Empeora estado de salud de mapuches en huega de hambre

http://www.prensa-latina.cu

Santiago de Chile, 29 sep (PL) Observadores de derechos humanos en Chile corroboraron hoy el delicado estado de salud de cuatro presos mapuches, que hace más de un mes se declararon en huelga de hambre en la cárcel de Angol, en la Araucanía.


Según informó a medios noticiosos uno de los observadores, en los 33 días de inanición los reos perdieron un promedio de 11 kilogramos de peso y se ven afectados y, en general, agotados.

"Son niños, muy jóvenes, están muy delgados", comentó Manuel Andrade, integrante de la Comisión Ética Contra la Tortura.

Daniel Leminao y Paulino Levipán cumplen una condena de 10 años y un día por homicidio frustrado a Carabineros, además de otros 541 días por porte ilegal de armas de fuego, mientras Rodrigo Montoya y Eric Montoya son imputados por un presunto homicidio frustrado en contra de un policía.

Lideres mapuches aseguran que las sentencias son racistas, discriminatorias, no respetan el debido proceso y para imponerlas fueron utilizados testigos encapuchados.

Los cuatro comuneros se encuentran en huelga de hambre para solicitar a la Corte Suprema que revise y anule sus condenas, además de otras demandas, relacionadas con el reclamo de los mapuches de sus tierras ancestrales.

El representante de la Corporación de Promoción de Defensa de los Derechos del Pueblo, Féliz Madariaga también pudo entrar a la cárcel de Angol e informó que los presos "han perdido masa muscular, tienen mareos y les duele mucho el estómago. La impresión es que se están muriendo y nadie hace nada".

Los observadores conversaron durante cuatro horas con los mapuches en huelga de hambre, pertenecientes a la comunidad Wente Winkul Mapu de Ercilla.

"Ellos dicen que sus juicios están viciados y que son condenados por llevar adelante una lucha ancestral por la recuperación de tierras", expresó Madariaga.

Agregó que también solicitan la presencia de alguna autoridad de Gobierno, el fin de la Ley Antiterrorista y de la militarización de los territorios mapuche por las autoridades.



miércoles, 26 de septiembre de 2012

HARRIET TUBMAN: NO SABER QUE SE ES ESCLAVO



 Harriet Tubman




Tubman (a la izquierda), con Davis (sentado, con la caña), su hija adoptiva Gertie (junto a Tubman), Cheney Lee, John "Pop" Alexander, Walter Green, Blind "Tía" Sarah Parker, y grande-sobrina, Dora Stewart en casa de Tubman en Auburn, Nueva York circa 1887


























Estas sencillas palabras de la gran abolicionista y luchadora incansable Harriet Tubman, se me hacen tan trascendentes como ninguna otra por la magnitud de su cuestionamiento y por la condición de quienes la padecen. Siendo esclavos, no saben que realmente lo son, lo cual indica lo encriptada que está esa conciencia de sumisión en cada uno de ellos. De tal manera, que la obediencia a un sistema de opresión continuo, se vuelve aceptación de la vida tal como se nos pueda presentar y con el transcurso de la existencia, sin mediar otra realidad más que la que por costumbre ejercemos, concluimos en la resignación de aquello que no somos capaces o no sabemos enfrentar.

Cuando se desconoce la libertad, solo se  puede ser fiel al mundo que se nos enseña como lógico y natural: aquel del amo, el mismo que él ha armado y construido para nosotros con tanta pasión como con la que ha concebido la justificación para explotarnos. 


Raúl Olivares
todos los derechos reservados



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Harriet Tubman, fue ampliamente conocida y respetada durante su vida, convirtiéndose en un icono americano en los años posteriores a su muerte. Una encuesta realizada a finales del siglo XX la situaban en tercer lugar como una de las personas más famosas de la historia americana tras Betsy Ross y Paul Revere. Ha inspirado a generaciones de afroamericanos a luchas por la igualdad y por los derechos civiles; siendo elogiada por políticos de todas las ideologías.


www.facebook.com/pages/Agrupación-Femenina-Alicia-Moreau-de-Justo-UCR-Alcira-Gigena/



http://www.pbs.org/wgbh/aia/part4/4p1535.html

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/tubman_harriet.htm

jueves, 20 de septiembre de 2012

"HAY QUE CAMBIAR EL SISTEMA DE ESTRUCTURAS Y NO LAS ESTRUCTURAS DEL SISTEMA" por JOHN W. COOKE



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HOMENAJE 
A 44 años de su fallecimiento


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"Hay que cambiar el sistema de estructuras y no las estructuras del sistema"


Por John William Cooke


La discusión sobre si la Argentina es o no un país "subdesarrollado", si corresponde buscarle alguna otra denominación técnica que tenga en cuenta su situación peculiar, con una serie de características que son propias de economías avanzadas (alto porcentaje de urbanización, hábitos de consumo de alta calidad, proletariado numeroso, poderosa industria de transformación, etc.) es ociosa. Sirve para que distinguidos economistas que vienen a explicar lo bueno que es el capitalismo y que todo es cuestión de que pongamos un poco de orden, halaguen a sus auditorios y les hagan ver que no nos consideran en un mismo nivel con la escoria de los países atrasados de Asia, África y América Latina. Esas diferencias existen; pero no significa que podamos considerarnos desligados de la suerte de los restantes países de América Latina y de los otros dos continentes atrasados; que Afganistán sea mucho más subdesarrollado que Argentina no es un argumento para que nos consideremos parte del grupo de naciones selectas de la "civilización occidental". Plantear las cosas así en base a comparaciones técnicas significa aislarnos, hacernos perder de vista nuestro común destino americano y ocultar que la dependencia es el factor determinante de cualquier caracterización y no las especificidades que nos distancian de las naciones que ocupan los peldaños inferiores de la "evolución mundial".


Todos los programas de desarrollo burgueses parten de un presupuesto: el de que en los países subdesarrollados (o de desarrollo incompleto o como quieran llamar a la Argentina) se reproducen los procesos evolutivos que ya cumplieron los capitalismos adelantados. El subdesarrollo sería una infancia o una adolescencia desde la cual se pasará a la madurez; los capitales extranjeros, las inversiones en algunos sectores claves, etc., dan el impulso para iniciar el crecimiento, para entrar en una etapa cualitativamente diferente o para acelerarlo, si su ritmo no es adecuado. Ese presupuesto es falso.
El subdesarrollo no es un fenómeno particular de cada país, sino parte de un proceso de alcance mundial producido por la expansión del capitalismo. El desarrollo es un grado de progreso alcanzado por algunas potencias de Europa, por los Estados Unidos, por Japón, que no se cumplió en el circuito cerrado de sus respectivas economías sino que al llegar al punto en que el aparato productivo superaba la capacidad de absorción del mercado nacional, se buscaba mercados más allá de las fronteras; en el mundo atrasado se obtenían materias primas baratas, se vendían artículos manufacturados y se colocaban los capitales excedentes que no eran suficientemente rentables cuando por saturación de la plaza deprimían la tasa de interés. En una palabra: el desarrollo de Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Estados Unidos, se realizó en función del subdesarrollo del mundo semi-colonial y colonial, cuya riqueza se llevaron por la colonización directa o por la succión de las relaciones entre economías desiguales. Ya hemos mencionado con relación a Inglaterra y la Argentina, los efectos de la dependencia sobre las formas de nuestro desarrollo. Además, lo que impulsó inicialmente al capitalismo en sus lugares de origen fue, en gran parte, la riqueza que se extrajeron de otros continentes mediante la conquista, que dio gran parte de la base económica para realizar las transformaciones subsiguientes (lo que se llama "acumulación primitiva"). 
Pues bien, así como nuestra debilidad y deformación fueron resultado de que nuestro desenvolvimiento capitalista se iniciara con retraso y bajo el signo de la dependencia y de la metrópoli británica, también ahora el imperialismo está incrustado en el mundo de nuestra crisis. A través de los términos desfavorables de intercambio, remisión de ganancias de los monopolios, pagos diversos, etc., nos descapitalizamos en beneficio del imperialismo. Esta es la gran ausencia que encontraremos en todos los "desarrollismos": ignoran el problema imperialista. O, cuando lo mencionan, como el frigerismo, lo conciben sólo en las formas antiguas de la relación agro importadora con Gran Bretaña y no en sus formas actuales de penetración norteamericana, que no se limita a despojamos en la intermediación sino que participa del proceso de la producción y condiciona toda nuestra economía.

La ganancia imperialista se realiza ya sea instalando filiales de los consorcios en el país, u obteniendo concesiones o facilidades para invertir en rubros de alto porcentaje de ganancia (petróleo, petroquímica, química, acero), ya sea asociándose con capitales nacionales. Como el imperialismo norteamericano es integral (político, estratégico, económico) lo vemos en todos los aspectos de la vida nacional, no sólo como influencia cultural sino corno presencia directa. En caso de una economía "sana" donde jueguen sin restricción las formas de la libre competencia, (aspiración que pasa por alto las formas monopolísticas del capitalismo moderno) las empresas que sobrevivirán serán las más eficientes, las que producen a más bajo costo, porque son extranjeras o están asociadas con el capital extranjero y desplazarán a las que carecen de instalaciones tan altamente tecnificadas. Son las que ahora extraen super-ganancias del "desarrollo combinado", es decir, de coexistir con empresas de muy inferior capacidad técnica con precios basados en costos de producción muy superiores a los del gran consorcio. Este es también el que puede proporcionar una situación más cómoda a sus obreros, de manera que se acentúan las diferencias dentro de la misma clase obrera.

Esta desaparición de las empresas atrasadas es una política que en los países capitalistas avanzados tiende a liquidar el "malthusianismo" industrial, que constituye una rémora mantenida por un empresariado parapetado detrás de barreras defensivas y en retraso con respecto a los adelantos de la técnica moderna, como fue característica clásica de la economía francesa. Ese propósito, que forma parte de la política del nuevo régimen argentino, traslada mecánicamente los problemas del "malthusianismo" a nuestra economía prescindiendo de nuestra situación dependiente y de las formas del atraso. Una liquidación sin reemplazo, tal como la que se produjo cuando la importación extranjera, a partir de mediados del siglo XIX, que liquidó la producción artesanal del interior argentino, aumentará los desniveles internos y completará nuestra sujeción al dominio imperialista. Cuando en los países adelantados se liquidaron las formas feudales y artesanales, fueron reemplazadas por las formas de producción capitalista: en la Argentina no hubo trabajo para los desplazados del interior porque no había una industria que los absorbiera: "nuestras" industrias estaban en Inglaterra. Ahora, en última instancia se piensa en algo similar; se saneará la producción, pero no mediante un desarrollo armónico, sino eliminando, sin reemplazo, las unidades productivas inferiores. Una política de saneamiento sólo se concibe bajo una concepción diametralmente opuesta; no bajo la libre empresa y la ley de la jungla, sino dentro de una planificación donde el Estado dirija un proceso de modernización que contemple los intereses generales. Es decir, que el Estado tendría que comenzar por ser otro, y no estar en manos de la burguesía. 

Antes, la explotación imperialista se encontraba en la balanza de comercio (términos de intercambio) pero principalmente en el balance de pagos como salida de dividendos, amortizaciones, pagos de fletes y seguros, etc. La balanza comercial daba superávit pero la de pagos daba déficit. Ahora, una proporción importante se realiza por otros medios: pago de patentes, ayuda técnica, diferencias obtenidas por la venta de maquinarias, materias primas y demás elementos que deben comprarse en la metrópoli para abastecer las industrias que funcionan aquí, en condiciones que permiten fijar arbitrariamente los precios, reinvertir ganan-cias para multiplicar la succión o transferir ganancias o pérdidas, según convenga, dentro de un circuito completo que cubra las etapas de la producción. No es necesario que una industria sea exclusivamente norteamericana: basta con que dependa de las compras en Estados Unidos de maquinaria, materias primas básicas y patentes. Es decir, que ese cáncer está ahora dentro de las estructuras capitalistas argentinas, y son esas estructuras las que hay que cambiar. De lo contrario, se aumentan los sacrificios para favorecer a la gran industria y a los terratenientes --que no son dos sectores separados tajantemente- y al imperialismo. 

La diferencia entre países desarrollados y subdesarrollados, en lugar de disminuir como vaticinaron los economistas burgueses, ha ido en aumento. Los ricos son cada vez más ricos, no sólo en forma absoluta sino en relación con los pobres. Las relaciones de intercambio siguen siendo desfavorables para los exportadores de materias primas, subdesarrolladas, y por cada dólar que invierte el capitalismo, retira tres. 
Es fácil demostrar que el crecimiento necesario para que el Tercer Mundo alcance, dentro de muchísimos años, niveles de vida mínimamente decorosos, sin que haya 1.500 millones de personas que pasen hambre como actualmente, requiere inversiones que están fuera de toda posibilidad. 

Para mantener los niveles presentes, es decir, para compensar el crecimiento demográfico, harían falta sumas que tampoco parece existir la menor chance de lograrlas; al contrario, los montos de "ayudas" e inversiones de los países desarrollados en las regiones atrasadas tienden a decrecer. No se ha cumplido ninguno de los cálculos que formularon los teóricos desarrollistas. Rostow, que escribió hace pocos años un libro que todos los economistas burgueses repetían que era mucho más importante para el mundo actual que el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, planteaba científicamente las etapas de la evolución económica, analizaba las condiciones del "despegue" hacia el desarrollo, etc. Uno de los cargos contra los estudiantes universitarios -muy recordado estos días por quienes justifican la intervención- es que armaron un escándalo y le impidieron dar una conferencia cuando estuvo en nuestro país; hicieron muy bien, porque el señor Rostow es uno de los colaboradores de la política imperialista de Johnson, y fue tratado como el enemigo del país y de América Latina que es. Pero lo que nadie se acordó de mencionar es que ningún país del mundo ha "despegado" ni está en vías de hacerlo.

En cuanto al modelo que siempre mencionaban los frigeristas para demostrar sus tesis, era la India que no se desarrolló y perdió terreno. No por eso han revisado sus posiciones, simplemente se han olvidado de mencionar a la India.

De cualquier manera, el caso Argentino no presenta las características que hemos mencionado para el Tercer Mundo en su conjunto, así que debe ser evaluado a partir de nuestra situación particular. Once años de desarrollismos no han servido para desarrollamos, ni tampoco ahora lo conseguiremos. Seguiremos sin ser un caso desesperado ni mucho menos, pero también sin alcanzar ese grado de evolución económica que nos anuncian. Y aquí no es cuestión de que nos apliquen el estilo de los empresarios, gobernantes y economistas del régimen, y nos hablen de fe en el país, confianza en nosotros mismos y demás generalidades. Ya hemos aclarado que en el país creemos, en el pueblo creemos; es en ellos que no creemos ni los computamos como factor de progreso sino todo lo contrario. Para atenernos al desarrollismo concretamente, aparte de las críticas que cada política nos merece, negamos en conjunto el desarrollismo en todas sus variantes. 

El desarrollismo se apoya en una serie de falacias: la de que toda inversión equivale a desarrollo, la de que toda industria es factor de crecimiento autónomo; la de que las ganancias empresarias se transforman en inversiones; la de que el capital extranjero cumple la función de la "acumulación primitiva" con que contaron las potencias adelantadas. 

Las "burguesías nacionales" ya no son contradictorias con el imperialismo (lo son, por cierto, algunos sectores de la burguesía, pero ya hemos dicho que carecen de peso y de vocación para encabezar e imponer una política nacional). Tratan de lograr un aumento de ganancias o de ponerse a salvo asociándose con el imperialismo. De paso, necesitan estar al amparo de su poder bélico por temor a las insurgencias subversivas. Son parte del "occidentalismo cristiano" en lo político y estratégico y son parte del dominio económico del capital monopolista del imperio. 

El problema sigue siendo insoluble para la economía burguesa de nuestro país. Tiene que encontrar sostén, plataforma económica a su industria, pues el que tiene ahora, la producción del agro, es insuficiente y la capitalización nacional a través de las ganancias industriales también es imposible. Además, el círculo tiende a estrecharse, y nada más ridículo que ver a nuestros patriotas burgueses de Latinoamérica ir a reclamar mejores precios por nuestros productos de exportación. Primero, porque si niegan la existencia del imperialismo y adoran el fantoche de la libre competencia, no tienen por qué pretender que se les pague más de lo que determina el mercado. Luego, porque cuanto más "occidentales y cristianos" son, más ligados y protegidos por el poderío norteamericano se siente, más gastos tiene ese gran gendarme de la contrarrevolución para mantener su dispositivo militar y de espionaje en todo el mundo, financiar sus guerras contra los pueblos que quieren liberarse como el de Vietnam o Venezuela, Guatemala, etc.: como Estados Unidos tiene un serio problema en su balanza de pagos a raíz de todos sus gastos exteriores, que sólo en parte compensa con el saldo favorable de su balanza de comercio, a mayor unidad del "mundo libre", más necesidad tiene su líder de mantener los precios más bajos para los productos que adquiere en nuestros países.

La "Revolución Argentina" (denominación asumida por el golpe de estado de Onganía) es, por consiguiente, una imposibilidad de la política burguesa, porque elimina del planteo al imperialismo que es factor clave y porque no son aptos los procedimientos que están a su alcance para desarrollar la economía armónicamente y de manera auto-sostenida. Y esto permite comprender mejor en qué consiste el "nuevo régimen" y cuál es la relación que tiene con el Movimiento peronista.


(De Peronismo y Revolución, Editorial Papiro, Buenos Aires; 1971, pp. 90-96.)






miércoles, 19 de septiembre de 2012

JOHN WILLIAM COOKE (1919-1968) HOMENAJE


Al Dr. John William Cooke Buenos Aires Por la presente autorizo al compañero doctor Don John William Cooke, actualmente preso por cumplir con su deber de peronista, para que asuma mi representación en todo acto o acción política. En este concepto su decisión será mi decisión y su palabra la mía. En él reconozco al único jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero y sus decisiones tienen el mismo valor que las mías. En caso de fallecimiento, delego en el doctor don John William Cooke el mando del movimiento.

En Caracas, a 2 días de noviembre de 1956.

Juan Perón.
















HOMENAJE 
A 44 años de su fallecimiento 


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JOHN WILLIAM COOKE (1919-1968)

Nació en La Plata el 14 de noviembre de 1919, en una familia irlandesa, lo cual explica su “John William”. Cursó estudios de Derecho, recibiéndose de abogado en la Universidad de La Plata.
Su padre -Juan I. Cooke- fue un importante dirigente del radicalismo, del cual se apartó para colaborar con el gobierno del General Farell, como Ministro de Relaciones Exteriores y Culto en 1945. Como secretario de su padre, John realizó sus primeras experiencias políticas.

En las elecciones de 1946, resultó elegido diputado nacional, siendo el más joven del bloque peronista, por lo cual recibe el apodo de “El Bebe”. Ejerció el cargo durante cuatro años, destacándose como uno de los legisladores más capaces, tanto en sus informes, como en las polémicas con la banca opositora. En los enfervorizados debates de la época que dan paso a las nacionalizaciones, Cooke asumió una postura clara y determinante: “La economía no ha sido nunca libre. O se la dirige y controla por el Estado en beneficio del Pueblo o la manejan los monopolios en perjuicio de la Nación”. Mantuvo una relación directa y privilegiada con Eva Perón.
En 1952, vuelve al llano, dedicándose a sus labores profesionales y a la docencia en la Universidad. En 1954, lanzó la revista “De Frente” con una clara posición nacional, aunque mantiene independencia respecto al gobierno al cual apoyó sin acallar sus diferencias de opinión.


John William Cooke y Alicia Eguren 

Cuando se produjo el levantamiento del 16 de junio de 1955, no vaciló en concurrir a la Plaza de Mayo, bombardeada por los aviones navales y allí, parapetándose detrás de una estatua, hizo fuego contra los marinos que pretendían avanzar hacia la Casa de Gobierno. Esta actitud reveló una de las condiciones de Cooke: hombre de ideas, docente y gran polemista es, al mismo tiempo, hombre de acción.

Días después, el General Perón lo designó Interventor en el Partido Justicialista de la Capital Federal para reorganizar y movilizar a los partidarios. Hace saber su opinión: “La revolución peronista debe profundizarse o será derrotada. Y si se decide profundizarla hay que tomar los recaudos necesarios para aniquilar la respuesta oligárquica”.

Producido el golpe del 16 de septiembre, es uno de los primeros dirigentes que se contacta, por carta con Perón, por entonces exilado en Paraguay. Al mismo tiempo, constituye, el Comando Nacional de la Resistencia. Pero, a mediados de octubre de 1955, cae detenido y lo conducen a la Penitenciaría de la calle, Las Heras, luego lo trasladan a Ushuaia y de ahí a Caseros y nuevamente a Ushuaia, Las Heras y Caseros. Su último destino fue la cárcel de Río Gallegos, donde el 17 de marzo de 1957, junto con Jorge Antonio, Cámpora, Kelly y otros compañeros, logran fugar a Chile.

En esa época, ya Perón lo ha designado su delegado y más aún, es la única oportunidad en que el líder informa a sus bases que, en el caso de su muerte, este delegado debe ocupar su lugar en la conducción del movimiento.

Permanece en Chile varios meses. Desde allí, intensifica su labor de vínculos y articulación de diversos grupos de “la resistencia” así como también recibe a representantes de Arturo Frondizi que le proponen una alianza para las próximas elecciones.

En diciembre de 1957, viajó a Caracas donde, de acuerdo con las indicaciones de Perón, mantiene varias conversaciones con Rogelio Frigerio, representante de Frondizi, para establecer las condiciones del pacto Perón – Frondizi, que se firmó poco después.

En enero de 1958, Cooke se instaló en Montevideo, para vivir de cerca el proceso electoral que culmina el 23 de febrero con el triunfo de la fórmula del Frente Nacional y Popular: Frondizi – Gómez. Una vez en el poder Frondizi traiciona el pacto.

En enero de 1959, Cooke, apoyó el movimiento de los trabajadores del Frigorífico Municipal “Lisandro de la Torre”, liderado por Sebastián Borro, en contra de la privatización e intentó convertirlo en huelga general revolucionaria para tomar el poder, pero fracasó en ese objetivo.

En los primeros meses de 1959, Perón giró su táctica, hacia una posición negociadora, abandonando, el planteo insurreccional que Cooke venía sosteniendo desde “la resistencia”, lo cual provoca el gradual desplazamiento del “Bebe”, como delegado.

En abril de 1960, viajó a Cuba, con motivo de una reunión latinoamericana, decidiendo quedarse, junto a su compañera Alicia Eguren, consustanciados ambos con el proceso revolucionario que se desarrollaba en la isla. En esa época, Cooke entabló una profunda amistad con el Che. Poco más tarde le sugiere a Perón la residencia en Cuba, por invitación de Fidel Castro, pero el General no lo considera oportuno.

En diciembre de 1963, Cooke regresó a la Argentina. En agosto de 1964, con motivo del operativo “retorno de Perón” restableció una correspondencia normal con el líder, que se había tornado muy esporádica en los últimos tiempos. Se manifestaba cada vez más crítico con la dirigencia local del peronismo.

En 1965, publicó “Apuntes para la militancia”, incursionando en la historia para dar orientación a las bases juveniles del movimiento. Hacia fines de ese año, en su correspondencia con el General, manifiesta desacuerdo con la táctica de “bendecir a todos”, pues entiende que ello amplía al movimiento pero a costa de su combatividad revolucionaria. En opinión de Cooke, el peronismo debe desembarazarse de sus sectores burgueses, eclesiásticos y militares pues nada aportan y convertirse en un claro programa revolucionario. Perón, en cambio, sustentó una táctica dirigida a aislar a la oligarquía aliada al imperialismo, para lo cual cree necesario constituir un frente muy amplio evitando que burguesía, Ejército e Iglesia se sumen al frente oligárquico-imperialista. En esta correspondencia, el “Bebe” manifiesta no sólo lucidez en la argumentación sino también un gran coraje para confrontar con el líder del movimiento.
En 1966, con motivo del golpe militar que derrocó al Presidente Arturo Illia, Cooke escribió su “Informe a las bases”, uno de sus documentos políticos más importantes. En sus últimos años viajó periódicamente a La Habana.
A fines de 1967, publicó “La revolución y el peronismo”, ya tomado por el cáncer. Muere en el Hospital de Clínicas el 19 de septiembre de 1968.



http://catedrajohnwilliamcooke.blogspot.com.ar/

JOHN W. COOKE: PERONISMO REVOLUCIONARIO


 

HOMENAJE 
A 44 años de su fallecimiento 


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Peronismo Revolucionario


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DEFINICIONES:

Por John W. Cooke


(Publicado en "Cristianismo y Revolución"  Nº 2-3, octubre / noviembre 1966)

17 de octubre

Una tarde del invierno de 1933, una muchedumbre como nunca se había visto se congregó en el centro de Buenos Aires para asistir al entierro de Hipólito Yrigoyen. Esa demostración popular sólo mereció desprecio y desdén a la oligarquía gobernante: se trataba de una chusma que, gracias a la diligente acción policial cuando había elecciones, no afectaba para nada la hegemonía social y política de los selectos.
Doce años más tarde, la ciudad volvió a ser ocupada por una multitud que se volcaba en un acto de adhesión a su caudillo. Esta vez los sectores privilegiados no se burlaron: todavía les dura el pavor y el odio que les provocó ese 17 de octubre. Y también la ignorancia sobre el significado profundo de lo ocurrido.
Es que el fenómeno escapaba a la capacidad de comprensión de las clases dominantes. Aceptaron la explicación de que se trataba de una manifestación de malvivientes, grupos de desclasados y marginales ("lumpenproletariat", aclararon los cultos de su "izquierda" cipaya), reclutados por la policía. Así fue como pocos meses después, el misterio policial de octubre se transformó en el misterio matemático de febrero: todos los partidos políticos, los dueños de todos los votos, eran derrotados electoralmente por las organizaciones que habían formado apresuradamente el nuevo movimiento nucleado en torno a Perón.
Pasado el desconcierto de ese desastre imprevisible, los partidos de la Unión Democrática se refugiaron en interpretaciones de un idealismo delirante, que les permitía no sólo negar la legitimidad del nuevo régimen surgido del más estricto respeto a las normas de la democracia que ellos postulaban, sino continuar reivindicando la condición de representantes de la voluntad de esa ciudadanía' que los desconocía repetidamente en los comicios. El peronismo —decían— era el resultado de la aplicación de técnicas totalitarias de manipuleo de la opinión de las masas, y por lo tanto era lícito recurrir a la violencia para derrocarlo; su irrespeto por el liberalismo económico y por los valores culturales impuestos por cien años de semicoloniaje fue invocado como prueba de que se trataba de una versión aborigen de los fascismos derrotados en Europa. Una vez más, las fuerzas del viejo régimen empleaban fórmulas de interpretación trasladadas de la realidad ultramarina. 

La oligarquía restaurada

Producido el golpe de 1955, la oligarquía restaurada desmanteló rápidamente el dispositivo económico peronista, si bien la realidad demostró que no era posible retrotraer las cosas al punto en que estaban antes del peronismo. En materia política, el imbecilismo de la tiranía militar llegó al punto de que el Ministerio de Relaciones Exteriores gestionó el envío de la legislación antifacista y antinazi, para aplicarla a los "vencidos". Pero he aquí que pasaba el tiempo, que el peronismo no sólo carecía de los resortes estatales sino que estos funcionaban integral y permanentemente en contra suyo, que su jefe estaba en el exilio, sus dirigentes políticos presos o exiliados, los sindicales proscriptos, sus signos, consignas, cantos e iconografía prohibidos, sus bienes incautados, y el decreto 4161 pendía con su viciosa crueldad sobre cualquier actividad proselitista. Y sin embargo, el Movimiento no se desintegraba, no perdía cohesión ni sus masas corrían a alistarse bajo las banderas de los partidos burgueses. Desde 1955 hasta la fecha, el proceso político argentino es una sucesión de dictaduras militares, directas o bajo cubertura de una falsa legalidad, que ensayan procedimientos para "integrar" a esa masa peronista en las estructuras del sistema burgués en crisis.
Descartada la tesis de qué éramos una multitudinaria congregación de papanatas, surgieron tácticas diversas: la ultragorila de tratarnos como "un caso de reformatorio político" (Toranzo Montero); la "integracionista", que nos convertiría en masa de maniobra del empresariado y los socios del capital norteamericano: la de escindirnos en réprobos ligados a Madrid y gente decente y razonable capaz de constituirse en partidos políticos neoperonistas, con discreta participación en los órganos políticos del Estado. La más reciente es la que postulan los teóricos del golpe de junio: el país está malogrado por la "falsa antinomia de peronismo y antiperonismo", que debemos superar para que pueda progresar la Nación. El actual régimen militar la traduce al terreno de los hechos mediante la tabla rasa de la "despolitización", reservándose el monopolio de las decisiones políticas mediante la tutoría, que asume por la violencia, de una ciudadanía condenada a consentir o exponerse a las espadas punitivas prontas a sancionar las rebeldías.
Todas esas fórmulas, con sus mezclas de zalamería y coerción, son ejercicios de la incompetencia, el egoísmo y la dependencia imperialista de nuestra clase dirigente. Porque la antinomia peronismo vs. antiperonismo no es una caprichosa creación del carácter de los argentinos, sino la forma concreta en que se da la lucha de clases en este período.

Peronismo y lucha de clases

No se puede "superar" eliminándola como expresión político-partidista, como se intenta actualmente, porque responde a una contradicción insoluble entre un régimen capitalista que ha agotado su programa y vive en crisis permanente, y las fuerzas cuyas reivindicaciones no tienen satisfacción posible dentro del contexto de esa institucionalidad cuya entraña expoliadora intenta ocultarse bajo el "occidentalismo cristiano" y otros despropósitos propagandísticos del sistema mundial de explotación encabezado por Estados Unidos.
Por lo tanto, el peronismo es, por su composición social y sus luchas, revolucionario por esencia. Y si existe, en su seno, el peronismo revolucionario, es porque el régimen, mediante el manejo del aparato estatal y cultural, demora la toma de conciencia de las masas con respecto a las razones de la tragedia que sufren y a la política que pueda ponerle fin. Lo que llamamos "burocracia peronista" es, en síntesis, una capa dirigente que opera con los mismos valores del enemigo y es incapaz, por lo tanto, de conducir a las bases a la toma del poder, sin lo cual no hay salida ni para las clases trabajadoras ni para el país, pues ya hemos entrado en una etapa en que no hay nacionalismo burgués sino que revolución social y liberación nacional no son objetivos diferenciabas sino dos aspectos de un mismo proceso indivisible.

Peronismo Revolucionario

El peronismo revolucionario es una vanguardia que busca reconciliar la política del Movimiento con el verdadero papel que éste tiene en el enfrentamiento de las fuerzas sociales. Puesto que las masas no absorben el conocimiento como una pura teorética sino mezclado con la acción, la nuestra no es una obra de mera predicación sino de militancia combativa y de difusión de las verdades esenciales que eleven el nivel de conciencia de los sectores que tienen la misión de construir la nueva sociedad en un país liberado. La política revolucionaria es acción esclarecida por el pensamiento crítico; una permanente indagación sobre una realidad fluida que no se somete a ninguna sabiduría inmóvil centelleando verdades definitivas. 
Mientras el peronismo no se estructure como "partido revolucionario" —es decir, con una política revolucionaria entendida como unidad de teoría, acción y métodos organizativos, seguirá librado al espontaneismo, a la yuxtaposición de tácticas que no se integran como estrategia, a los callejones sin salida en que sucesivamente lo meten los dirigentes burocráticos que no conciben otra salida que los frentismos electorales o los falsos atajos del golpismo. 
Porque golpismo y electoraismo pitagórico no constituyen vías antagónicas sino que son dos hipótesis de una misma concepción que implica la renuncia a la toma del poder. Expresan la incapacidad de transformar nuestro número en fuerza, al poner el número al servicio de quienes detentan la fuerza; es decir, aceptan la "integracción", que además es de una imposibilidad histórica. Porque el peronismo es la expresión de esa crisis integral del régimen burgués argentino. 
El régimen tiene fuerza para subsistir pero no puede institucionalizarse porque el peronismo obtendría el poder, y aunque no formule un programa anticapitalista, la obtención de satisfacciones mínimas compatibles con las expectativas populares y las exigencias de autodeterminación llevarían a la alteración del orden social existente. El peronismo, por su parte, jaquea al régimen, agudiza su crisis y lo obliga a sobrevivir a costa de la flagrante violación de sus presupuestos ideológicas con que, nos definen los voceros de la burguesía, equilibrio inestable se manifiesta la irreductible incompatibilidad entre régimen y peronismo, signando el fracaso de todas las tentativas para integrarnos a las estructuras del statu quo, y de todas las líneas políticas del peronismo que busquen la "conciliación", la paz social, la pausa política, etc., etc.
Es preciso que demos el paso de la rebeldía a la revolución, que no se produce espontáneamente o por revelaciones que automáticamente surjan de la prácticultura de las masas, sino por la elaboración teórica que en parte substancial de la conducción. Nuestro déficit en este aspecto viene de lejos, y estamos pagando las consecuencias. Porque si negamos las frivolidades sociológicas conque nos definen los voceros de la burguesía, tampoco el convencimiento de nuestra trascendental razón de ser histórica puede confundirse con los paraísos artificiales de la autocomplacencia que nos hace depositarios de un destino providencial. El peronismo, como estructura del nucleamiento de la masa popular (política, administrativa, sindical, etc.) siempre ha estado por debajo de su calidad como movimiento de masas. Esta contradicción, mientras persista, nos condena no romper la adversa correlación de fuerzas que soportamos.
Al mismo tiempo, la orgullosa seguridad que el Movimiento ha opuesto a la denigración, el escarnio y las persecuciones, no puede hacernos incurrir en la ilusión de que somos los predestinados poseedores del devenir. Nuestra importancia es también nuestra responsabilidad, y si afirmamos ser uno de los polos de la antítesis político-social contemporánea no lo es a título exclusivo, sino como eje de un frente de la nacionalidad en lucha contra la explotación interna e internacional. El recíente golpe militar confirma que nuestra posición era correcta, pues significa un simple reajuste del régimen que desnuda sus títulos violentos y cierra los falsos caminos que nos presentaba el conformismo reformista.
La magnitud de la tarea, sus dificultades y peligros, convocan a la verdadera unidad, que es la del combate por la libertad real de nuestra patria y de nuestro hombre.
La calidad de revolucionario es la que sirve de base a esa solidaridad activa, haciendo desaparecer las diferencias secundarias en que se entretienen los que están alienados a la superestructura del intolerable orden burgués que nos oprime.



Buenos Aires, octubre de 1966





COOKE: ENTREVISTA REVISTAS "CHE" Y "CRISIS"


HOMENAJE 
A 44 años de su fallecimiento



Entrevista a John William Cooke



Fuente: Revista Che, de 1961, y Crisis, 1975.

John William Cooke y su esposa, Alicia Eguren, se encuentran en La Habana desde hace más de un año. Ambos forman parte de las milicias y colaboran -al mismo tiempo- en distintas publicaciones cubanas. Che ha entrevistado a Cooke en su residencia, el Hotel Riviera. Sus respuestas, sin duda, son de trascendencia por la influencia que ha tenido -y conserva aún- John William Cooke entre las filas peronistas.


En la Argentina, la Revolución Cubana cuenta con apreciable apoyo popular y los esfuerzos de la propaganda reaccionaria -abrumadora y constante- son vanos por contrarrestarlo. ¿A qué razones atribuye esta perspicacia popular, pese a la prensa y agencias internacionales?

Lo que eso demuestra, en primer lugar, es la madurez de nuestro pueblo, lo arraigado que está en el sentido de la soberanía nacional. Tengamos en cuenta que esta recolonización de la Argentina es doblemente anacrónica: por producirse en la época de los movimientos de liberación en todo el mundo y por serle impuesta a un país que se había librado de la dominación inglesa y tenía conciencia de lo que significa el ejercicio de la soberanía. La consecuencia es que no solamente la represión es singularmente violenta, sino también la propaganda pro imperialista. El pensamiento colonial utiliza el monopolio de la difusión para derramar una catarata de discursos, declaraciones, manifiestos, conferencias, editoriales, solicitadas, pastorales, etc., para confundir a la masa. En el caso de Cuba, sólo se difunden groseras tergiversaciones, embustes y planteos arbitrarios. Sin embargo, las clases populares disciernen lúcidamente y saben que la suerte de la Revolución Cubana incide en su propia suerte.

Con respecto a Cuba, ¿cuál es la forma que adopta esa táctica de ocultamiento?

Hay una sucesión de trampas. Todos los datos son falsos, al punto que la mentira de ayer es desmentida por la mentira de hoy. Después se hace una mezcla de los problemas concretos de la nación cubana con los problemas de la guerra fría y con las discusiones técnicas en torno al comunismo. Nuestra masa evita esos falseamientos porque va a la médula del problema, o sea, la agresión del imperialismo contra un país hermano que osó liberarse: así no hay forma de equivocarse.
Con motivo de la reciente invasión de gusanos al servicio de los yanquis, se vio cómo se desvirtuaba el problema planteándolo maliciosamente: se afirmó que la Revolución es comunista, como si eso fuese lo que estaba en debate. Un cierto porcentaje de papanatas quedó atrapado en ese artificioso enigma -ya fuera para coincidir con la tesis o para discrepar con ella-, lo que implicaba que de ser concluyente la prueba sobre el carácter comunista del gobierno cubano, eso legitimaba que se agrediese a un país soberano. ¿Quién ha dicho que los Estados Unidos o los organismos internacionales tienen jurisdicción para hacer macartismo y determinar cuál régimen tiene derecho a ser respetado y cuál no?

Supongo que usted sabrá que hubo algunos dirigentes peronistas que se “empantanaron”.

Eso demuestra que carecen de capacidad para dirigir nada y que invocan el nombre del peronismo en vano. Con el pretexto de que nuestro gobierno era nazi, se buscó que Estados Unidos hiciese lo mismo que ahora hace con Cuba: los cipayos pedían la intervención yanqui y de los organismos como la UN: un canciller uruguayo inventó la tesis de la “intervención multilateral”, que es la que ahora se quiere resucitar contra los cubanos; se pidió que los países rompiesen relaciones con nosotros, por no ser “democráticos”, etc. Eran los mismos procedimientos y las mismas personas de aquí y del extranjero los que se movían para destruir nuestra soberanía. ¡Y cómo ardíamos de indignación contra el bradenismo y sus servidores! ¡Cómo protestábamos contra los Jules Dubois, los Figueres, los Haya de la Torre, los Ravines, contra Braden, Nelson Rockefeller, la gran prensa norteamericana y continental! Pues bien: todos esos, y los miles de secuaces ahora hacen lo mismo contra Cuba, ayudados por los mismos aliados que entonces tuvieron en la Argentina, desde los políticos tradicionales hasta las fuerzas vivas, la intelectualidad cipaya. Las damas patricias y demás escoria enemiga de los descamisados.
¿O es que la UPI, la AP, el Time, etc., son reptiles cuando nos atacan a nosotros y “objetivos” cuando atacan a Cuba? Sumarse, aunque sea pasivamente a esa campaña, es dar razón retrospectivamente a los vendepatrias: es negarnos como movimiento nacional-liberador.


Cuadernos de la revista "Crisis". El Nº 5 sobre Cooke

























Hay algunos pequeños sectores peronistas influenciados por el “nacionalismo” que son activamente enemigos de la Revolución Cubana.  

Supongo que en unos cuantos millones como somos, habrá de todo un poco. Hasta de quienes se dejen llevar por un extraño “nacionalismo” que ante algo concreto como el imperialismo que nos asfixia nos quiere hacer pelear contra los enemigos de ese imperialismo. El único nacionalismo autentico es el que busque liberarnos de la servidumbre real: ése es el nacionalismo de la clase obrera y demás sectores populares, y por eso la liberación de la Patria y la revolución social son una misma cosa, de la misma manera que semicolonia y oligarquía son también lo mismo. Algunos sectores reaccionarios pudieron, en otras épocas, llamarse “nacionalistas” porque coincidían con el pueblo frente a los ataques a nuestra soberanía; ahora no, porque el antiimperialismo ha pasado a ser retórico en ellos, que vuelven a su raíz oligárquica y ante el caso de Cuba quedan al desnudo. Como ya quedaron cuando contribuyeron a la caída del gobierno popular en 1955.
Hay que tener la cabeza muy hueca para creerse peronista y aceptar a esos teóricos del absurdo, que combinan las añoranzas del imperio de la hispanidad medieval con el apoyo práctico al imperio bárbaro norteamericano, y el culto a gauchos embalsamados con el paternalismo aristócrata frente al cabecita negra, para oponerse, nada menos, a Fidel Castro. Ocurre que Castro, a la cabeza de los hombres de la tierra, derrotó a puro coraje al ejercito armado y entrenado por los yanquis para proteger a la satrapía batistiana; y que cuando los gringos quisieron llevárselo por delante, los echó de Cuba y les quitó hasta el último dólar, más de mil millones que tenían invertidos en centrales azucareras, fábricas, empresas, bancas, etc. ¡Qué manera de apagar faroles! Sin embargo, parece que Fidel no es “nacionalista”, porque nunca se dedicó a predicar el exterminio de estudiantes semitas ni a delatar herejes incursos en el crimen del marxismo.

¿Usted no cree, entonces, que esos defensores de “Occidente” tengan influencia en su movimiento?

Solamente entre cierta capa burocrática, que, por otra parte, nunca sirvió para nada, ni en el gobierno ni fuera de él. Ahora hacen méritos para que los dejen participar en el festín político y administrativo del que están excluidos los revolucionarios consecuentes. No hacen más que confirmarle al pueblo lo que éste siempre supo sobre ellos. Habrá siempre alguna confusión, por los que embarullan las cosas y por otros que, debiendo hablar, han callado. Pero el pueblo sabe que desde que Fidel Castro empezó a quitarles a los ricos para darles a los pobres fue la bestia negra (o roja) del continente. Claro que los gansos que creen que el peronismo es parte del dispositivo de la “civilización y de la democracia occidental” quedan identificados frente a Cuba con los socios de Aciel y de la Bolsa de Comercio, con los socialistas conservadores y los conservadores de la infamia, con los exquisitos del Jockey Club, el Circulo de Armas, con Ascua, Sur y las demás agrupaciones de conciencias muertas, con las numerosas instituciones, frentes y agrupaciones gorilas que piden nuestra sangre, con Gainza Paz, el almirante Rojas, el Dr. Vicchi, el brioso Toranzo Montero. Todas esas fuerzas son virulentamente enemigas de la Revolución Cubana, a la que odian tanto como al “régimen depuesto”, esas cosas no ocurren por casualidad, y nuestra masa no vive en la luna.
¿Hay algún personaje en la Argentina que logra, como Fidel Castro, que todas las cabezas del privilegio se unan para acusarlo de demagogo, comunista, totalitario, chusma, perjuro, punguista, motonetista, barba azul, asesino incendiario, anticristo, y otras lindezas semejantes, y contra el cual piden el cadalso, la bomba atómica o la muerte a manos de los “marines” yanquis? Creo recordar que sí. Y me resulta muy difícil entender cómo puede indignarnos la difamación contra la versión pampeana del monstruo y quedarnos mudos cuando la victima es la versión tropical.

Hubo quien no repudió la reciente invasión a Cuba alegando que al no abrir juicio cumplía con la “tercera posición”.

Con quien cumplió fue con su propia cobardía. A cambio de la riqueza que nos llevan los yanquis nos dejan su histeria anticomunista que contagia a ciertos “dirigentes”. En el país reina un clima de terrorismo ideológico: ya no basta con no ser comunista; hay que demostrarle a la reacción que se es anticomunista. Y se llega a emplear el mismo lenguaje de nuestros enemigos: en lugar de dar apoyo total, solidaridad sin retaceos a Cuba avasallada, se agregan condenas al “imperialismo soviético”, lo cual equivale a aceptar las premisas del imperialismo agresor, que califica de crimen la negación de sus ansias hegemónicas y el derecho a elegir las formas de gobierno y los amigos que a cada país americano le resultan más convenientes.
La tercera posición es, precisamente, todo lo contrario. Significa no tener compromisos con los bloques mundiales, estar en libertad de tomar las decisiones más convenientes a los intereses nacionales. Significa tener criterio propio para apreciar cada hecho y cada actitud; no tenemos obligación de encontrar que cada cosa del señor Kruschev es perfecta o malvada; ni de estar de antemano en pro o en contra del bloque capitalista; en otras palabras, en cada momento y circunstancia nuestro tercerismo consiste en opinar libremente, no sumarnos al coro de los que ven en Estados Unidos la potencia rectora. A pesar de que nuestro gobierno tuvo que maniobrar solo, en un mundo hostil, en lo fundamental jamás se apartó de su independencia; no suscribimos el Pacto de Caracas que establecía el peligro del “comunismo internacional” para así consumar el crimen contra Guatemala orquestado por Foster Dulles y otras bestias de la “guerra fría”; no firmamos los Acuerdos de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional, Banco de Reconstrucción Y Fomento); no nos atamos por pactos militares bilaterales, etc. Nada de eso subsistió; las primeras medidas de la dictadura militar fueron adherirse a Bretton Woods, y hoy el FMI dirige nuestra política económica, y revocan por decreto el voto de Caracas; siguieron los pactos militares, los acuerdos sobre el Atlántico Sur, etc. Hoy somos un apéndice del imperialismo, lo que requirió modificar totalmente la política internacional fijada por el Peronismo. El tercerismo fue una forma de no ser absorbidos por el imperialismo yanki: en ningún caso puede ser excusa para plegarnos a su estrategia de guerra fría y para gritar junto con los derviches de la guerra contra los pueblos que han adoptado el socialismo.
Es lo que hacen los terceristas como India, Yugoslavia, Egipto, etc., que no han vacilado en apoyar fervorosamente a Cuba y que no ven al mundo como una división tajante donde los “buenos” son las potencias occidentales. Es una posición para encarar los problemas, no para eludirlos. En el caso de un país hermano sometido a persecuciones de toda índole por el Imperialismo, no ser terminantes, escatimar el apoyo, es renegar del tercerismo y apoyar al imperialismo. Así como hay farsantes que son antiimperialistas cuando las causas son lejanas, y cipayos en las cuestiones argentinas, igualmente hay farsantes que gritan contra el imperialismo aquí y se suman a sus consignas en el orden mundial; estos últimos son los más peligrosos. La posición consecuente de un antiimperialista es desprenderse de los falsos esquemas como “Occidente y Oriente”, “Mundo libre y mundo comunista” y demás zonceras. Hay que estar con los argelinos, que son musulmanes, con los kenyanos, que son maumau, con los chinos, que son budistas, y con los cubanos, que son barbudos. Y decirlo claramente y ayudarlos todo lo que se pueda y tener la valentía de despreciar las voces que se alzaran para acusarnos de comunistas, trotskistas, cripto marxistas, camaradas de ruta, idiotas útiles, filo comunistas, infanto comunistas, etcétera.

¿Existe algún pronunciamiento de Perón con respecto a la Revolución Cubana?

¿Cómo cree usted que Perón podía desentenderse de un problema fundamental? Cuando dijo que la Revolución Cubana “tiene nuestro mismo signo”, enunció una fórmula exacta que indica la común raíz antiimperialista y de justicia social. Si Cuba ha elegido formas más radicales, ese es un derecho que ningún antiimperialista le puede negar; por otra parte, los procedimientos de 1945 tampoco sirven ahora para nosotros, y nuestro programa, según lo ha dicho repetidamente el propio Perón es de “revolución social”, que salvo para los que viven en el limbo sólo se puede cumplir socializando grandes porciones de la economía y buscando las formas de transformación profunda y total que correspondan a nuestra realidad nacional.
En cuanto al apoyo de la Unión Soviética a Cuba, sólo quienes se plieguen al bando de la oligarquía pueden hablar de “entrega” y demás tonterías semejantes. Porque los cubanos no han delegado ningún atributo de su soberanía ni han entregado ningún resorte de su economía. ¿Que eso sirve a la URSS para hacerse propaganda? ¿Y a los cubanos qué les importa? Los quisieron matar de hambre, dejarlos sin petróleo, dejarlos sin vender el azúcar, que es su única fuente de divisas, atemorizarlos, agredirlos, quemarles los cañaverales, etc.: el cipayaje estaba feliz porque serían castigados los “desplantes”, la insolencia frente al coloso. El mundo socialista les permitió salir de esa ruina a que estaban condenados, y he aquí que ciertos “antiimperialistas” resuelven que Cuba debió dejarse morir de hambre, o llamar a los embajadores norteamericanos para que la vuelvan a gobernar, para que no sufra la “democracia” y puedan seguir tranquilos Somoza, Ydígoras, Frondizi, Prado y demás paladines de la cruzada anticomunista. Todos regímenes democráticos que no podrán hacer lo que hace Fidel Castro: darle un fusil o una ametralladora a cada obrero, a cada campesino, a cada pobre.
En un documento del año pasado el general Perón indicó que el Movimiento debía apoyar a todos los movimientos de liberación regional, como Egipto, Argelia, Cuba, etc. Eso se ha respetado siempre, aunque ciertos sordos no han cumplido estas instrucciones ni las han transmitido a la masa. Y en una carta dice: “Yo sé bien lo que son las sanciones económicas. En 1948 nos las aplicaron intensamente impidiendo la provisión de todo material petrolífero y dejando sin efecto la compra comprometida para nuestra producción de lino que, en ese momento, representaba más del sesenta por ciento de la producción mundial. Como en el caso de Cuba, fue la Unión Soviética la que nos sacó del apuro comprando el lino y ofreciéndonos material petrolífero”. Tal vez deberíamos haber dejado que se pudriera el lino.

¿Y no cree que también influyó la Iglesia?

La creencia religiosa es una cuestión del fuero espiritual y como tal respetable. Pero cuando algunos sacerdotes opinan de política entonces no puede invocarse para ellos el privilegio de que se les respete como cuando desempeñan sus funciones espirituales: deben ser enjuiciados de acuerdo a sus actos y posiciones políticas. Si se les hiciese caso en materia política, América no se hubiese independizado de España; o, tomando otra etapa posterior, en México reinarían los descendientes del emperador Maximiliano, Cuba sería colonia española, etc. Si se les otorgase imperio en materia política, nosotros nos debíamos haber puesto en 1955 contra Perón, como ellos querían; entonces conspiraron con los enemigos del pueblo, como ahora lo hacen en Cuba.
Durante seis años nuestros compañeros han ido a la cárcel, han sufrido torturas, han sido echados del trabajo, han sido fusilados, sin que los altos dignatarios de la Iglesia hiciesen más que algunos inocuos llamamientos a la paz general, uniendo a verdugos y victimados como si las culpas fuesen comunes; cuando discriminaron, fue para atacar al “régimen depuesto” y para condenar la rebeldía de nuestra masa. No he leído la pastoral que condene a los asesinos del heroico general Valle, que era un católico sincero. No he leído la pastoral que condene a los asesinos de la “0peración Masacre”. No he sabido de ninguna epístola incandescente denunciando a los sicarios uniformados que aplicaban suplicios a la gente trabajadora. Pero basta que el señor Frondizi justifique la represión como defensa de “los altos valores del espíritu”, para que entonces sí se conmuevan esos duros corazones episcopales. En cambio están muy preocupados y tristes porque en Cuba hay un gobierno revolucionario. ¿Por qué no dijeron nada cuando murieron 20.000 luchando contra el gobierno que mantenían los yanquis, cuando Nixon abrazaba a Batista y lo colmaba de elogios? ¿Por qué no se preocupan de Angola, donde las fuerzas “occidentales” mantienen la esclavitud aplicando la tortura? ¿O de Argelia, que ha movido la indignación de muchos católicos franceses por el sadismo de las tropas coloniales, cuyas técnicas aprenden nuestros jefes militares? ¿Les parece que hay poco dolor en el mundo y en América, como para que se dediquen al único país donde el pueblo se siente libre?

¿Usted rechaza, por lo tanto, la tesis de que el peronismo es un freno contra el avance del comunismo?

Una cosa es que nosotros tengamos una visión de las cosas argentinas que difiere de la del Partido Comunista y tratemos de mantener la adhesión de las masas trabajadoras; otra muy diversa es unirnos al fanatismo regimentado que ve a los comunistas como criminales y a los países socialistas como enemigos del género humano. Esto es renunciar a la facultad de raciocinio y aceptar que el bando imperialista piense por nosotros. No necesito ser comunista para considerar que el principal responsable de la guerra fría es el imperialismo occidental, ni para comprender que el enemigo más grande que hoy tiene el género humano es la brutal plutocracia norteamericana.
En el orden nacional, la manera de mantener nuestro prestigio en la masa no es actuando como ayudantes de los pastores para que el rebaño no se ponga arisco, sino ofreciendo soluciones revolucionarias a los problemas reales. Los que están en la jugada de presentarnos como defensores del orden contra el comunismo desnaturalizan la esencia del peronismo. Y, además, cometen una estupidez. Salvo para los energúmenos que ven conspiraciones bolcheviques en cada lucha popular, el comunismo avanza porque hay razones económico-sociales que así lo determinan. Esas razones no desaparecerán y se trata de ver quiénes darán las soluciones. Los que piensan en “conciliaciones” entre las clases o en paternalismos equilibristas están al margen del tiempo, como los que hablan de corregir los “abusos” del capitalismo. Pero los que quieran dar soluciones, los que como nosotros aspiran a mantener su vigencia como movimiento de masas, tienen que ir al fondo de los problemas. No es posible enunciar aquí todas las cosas que debemos hacer, pero para terminar con el drama argentino hay algunas que son ineludibles, como ejemplo: dejar sin efecto convenios petrolíferos, eléctricos. etc.; denunciar tratados militares y compromisos belicistas; expropiar las instalaciones petrolíferas y demás bienes de los monopolios; expropiar a la oligarquía latifundista y a los grandes empresarios industriales; expropiar los bancos, puertos, servicios públicos; socializar grandes ramas de producción, hacer una reforma agraria que respete las características de nuestro agro pero que elimine muchas de las formas empresarias de explotación; planificar la economía en escala nacional; nacionalizar la gran industria pesada; controlar los sectores de la economía que deban mantenerse bajo el régimen de la propiedad privada, etc., etc. Eso significa terminar con la democracia capitalista y sustituirla por nuevas estructuras que reflejen el predominio de las fuerzas de progreso, dirigidas por el proletariado. Es decir, que estaremos vulnerando el "derecho" de la libre empresa, de la propiedad y otros valores igualmente sacros: en otras palabras, seremos "comunistas". Los factores de poder y la oligarquía en su conjunto nos consideran, desde ya, comunistas, porque nuestro triunfo implica el advenimiento de las masas que exigirán soluciones y las impondrán. Como dijo Perón: “las masas avanzarán con sus dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes”. Nosotros lo sabemos y la reacción también lo sabe, así que los que se hacen los “ranas” no engañan a nadie, y menos a la oligarquía, que tiene sensibilidad de sobra cuando se trata de que no le toquen sus privilegios. Los que quieren desempeñar el papel de "defensores del orden" harán el deleite de los monseñores y de los espadones de moda, sirviendo de preservativos por poco tiempo. O impulsamos el avance de las masas -y entonces somos peligrosos y nos llamarán comunistas- o tratamos de frenarlas y entonces ayudamos a sembrar la confusión durante un tiempo y luego nos barrerán como a la demás resaca del orden caduco ocupando el partido comunista o quien sea, la dirección que hemos desertado.

¿Qué piensa de la unidad de las fuerzas populares?  

La unidad es indispensable y será un paso previo al triunfo popular. Lo principal es para qué hacemos la unidad, cuáles son los objetivos cercanos (como por ejemplo las elecciones) y cuáles los grandes objetivos. Unidad para simple usufructo politiquero, no. Sí, en cambio, para dar las grandes batallas por la soberanía nacional y la revolución social. En la lucha contra el régimen como llegaremos más pronto a la unidad, forjada en la acción: dentro del régimen nos esperan sólo frustraciones y derrotas, y pequeños triunfos que serán desastres.

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