jueves, 3 de marzo de 2016

STIUSO NO CONVENCE NI A SU PROPIO ABOGADO Por Raúl Kollmann e Irina Hauser



Santiago Blanco Bermúdez (izquierda) no pudo explicar por qué su representado, Horacio Stiuso (derecha), modificó ahora su declaración.




› EL REPRESENTANTE DEL EX ESPÍA ADMITIÓ QUE NO HAY EVIDENCIAS DE LA NUEVA VERSIÓN QUE OFRECIÓ A LA JUEZA






Stiuso no convence ni a su propio abogado


Por Raúl Kollmann e Irina Hauser




El abogado del ex espía Horacio Antonio Stiuso aclaró ayer que su cliente “no tiene pruebas directas de que a Alberto Nisman lo hayan asesinado. No tiene un testigo ni nada que se le parezca. Tiene una interpretación de los precedentes que pudieron llevar a que a Nisman lo mataran. Tampoco sé qué grupo intervino”. De esta manera, Santiago Blanco Bermúdez, letrado de Stiuso, dejó aún más huérfana la declaración del agente de inteligencia ante la jueza Fabiana Palmaghini. Pese a la inexistencia de pruebas que sustenten los dichos de Stiuso, la magistrada tomó una frase de ese testimonio para enviar la causa al fuero federal, cumpliendo con el anhelo de la ex esposa de Nisman, la jueza Sandra Arroyo Salgado, y del gobierno macrista. El objetivo parece ser la propia ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, mencionada ayer por uno de los abogados de Arroyo Salgado, adelantando que podría o debería ser citada. En paralelo, el ex titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Oscar Parrilli, contó que “cuando tuve que cumplir la orden de Cristina de echar a Stiuso, hablé con él cuatro horas. Es un psicópata y mentiroso. Un extorsionador. Y al final de la charla me tiró una frase amenazante: ‘yo vuelvo’. No tengo dudas de que Stiuso trabaja para la CIA y el Mossad”.

- Pruebas. Durante la extensa declaración de Stiuso ante Palmaghini, el ex agente señaló que Nisman fue asesinado por un grupo ligado al gobierno kirchnerista. Cuando se le preguntó si el grupo estaba integrado por argentinos o extranjeros, dijo que no sabía. Y ante la pregunta sobre la forma en que entraron y salieron del edificio Le Parc, Stiuso sostuvo que “eso es fácil” y se despachó con una generalidad: “Igual con el tema de los iraníes no es relevante si uno tiene o no custodia, porque uno, si es un blanco, te estudian, te estudian y ya saben cómo te movés... La custodia, cuando uno tiene de enemigo a esta gente, no tiene sentido”. La hipótesis es extraña. Por lo que dijo el ex agente participaron iraníes, de los que no pudo aportar ni un dato concreto. Ni quiénes son ni cómo entraron al país ni cómo salieron. De alguna manera, tampoco explicada, ese grupo de iraníes se combinó con otro grupo relacionado con el gobierno anterior, del que también se desconoce quién lo integró.

La ausencia de pruebas por parte de Stiuso quedó patentizada en las declaraciones que hizo ayer el abogado del agente: estuvo dubitativo y sin respuestas; no pudo contestar, por ejemplo, quién pudo haber integrado el supuesto grupo que mató a Nisman. “Yo no hablé con él (por Stiuso) sobre eso. No me lo comentó. Es un tema importante ya lo sé, pero no lo hablamos”, dijo Blanco Bermúdez.

En su especulación sobre lo ocurrido, Stiuso hizo una curiosa interpretación sobre el arma que mató a Nisman. “No me cierra. No me parece que Alberto (Nisman) hubiera pedido prestada una pistola para defender a sus hijas. Pero puede ser que el comando haya entrado al departamento del fiscal y se encontró con el arma de Lagomarsino. Entonces aprovecharon la oportunidad y simularon un suicidio”. O sea que un comando ultraespecializado usó, de casualidad, una pistola de hace 40 años.

La versión de Stiuso se contrapone hasta ahora a las pericias, a lo que se ve en las cámaras de Le Parc y a las constancias del expediente. De los médicos forenses, 13 de 15 sostuvieron que no hay evidencia de un accionar homicida y cinco de los seis criminalistas firmaron un dictamen en el que sostienen que en el baño no había ninguna otra persona fuera de Nisman. Pero, además, no existe en la causa un solo testimonio que mencione la presencia de gente extraña en el edificio aquel 18 de enero de 2015. Tampoco se observa a ninguna persona no identificada en las cámaras, aunque había en el edificio puntos ciegos y, finalmente, nadie sospechoso alquiló un departamento en el edificio y no hubo propietarios o inquilinos que se fueron definitivamente de Le Parc después de la muerte del fiscal.

Hay otro elemento que cuesta entender. Si la muerte de Nisman fue perpetrada por un grupo sofisticado iraní, no queda claro por qué no aprovecharon que Nisman anduvo por el mundo sin custodia en las semanas anteriores. Sin ir más lejos, el fiscal paseó por Europa sin ningún guardaespaldas. En cambio, los infalibles iraníes prefirieron meterse en un edificio en plena Buenos Aires, con vigilancia privada, dos prefectos y dos policías federales a cargo de la seguridad. La hipótesis de que estuvieron todos comprados no tiene respaldo ni en la lógica ni en el expediente.

Sin ninguna prueba, Stiuso prestó una declaración a la medida de lo que esperaban el gobierno de Macri, la ex esposa de Nisman y los servicios de inteligencia que aspiran a una venganza contra el kirchnerismo. Desde el punto de vista internacional, Stiuso señaló que en el trasfondo de la muerte de Nisman estuvo Irán, algo que le calza como anillo al dedo a la derecha republicana norteamericana y a la derecha israelí. A esos sectores les sirve para tener un argumento contra el acuerdo que firmó Irán con Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania. Y más todavía en medio de la campaña electoral norteamericana donde Irán y Medio Oriente son todo un tema.

- Nada. El abogado de Stiuso se quedó sin palabras cuando tuvo que explicar por qué el agente no habló de asesinato en su primera declaración, en febrero de 2015. “Yo no recuerdo los términos precisos –adujo Blanco Bermúdez–. A veces se interpreta mal una declaración. No recuerdo si dijo que lo mataron. Sí recuerdo que dijo más o menos que la muerte de Nisman estaba vinculada con su trabajo. Tal vez no revisamos la declaración con profundidad y se le haya pasado al firmarla. Es bastante probable. Es cierto que el secretario leyó la declaración en voz alta. Bueno, no quiero aventurar, porque va a haber una causa judicial.”

Con estos balbuceos, el letrado se quedó sin explicación de por qué Stiuso y él mismo firmaron el testimonio brindado ante Fein, del que ahora reniegan. Las escasas cuatro carillas tienen la rúbrica del agente, de su letrado, de la fiscal y del secretario Bernardo Chirichela. La firma se produjo después que Stiuso testimonió, Chirichela leyó las cuatro carillas en voz alta, luego Stiuso y Blanco Bermúdez releyeron el texto y finalmente ambos firmaron.

Blanco Bermúdez ni siquiera atinó a explicar por qué no habían aclarado los dichos de Stiuso en todo el año transcurrido entre la primera declaración y la segunda de este lunes. Casi todos los diarios argentinos publicaron que el agente testimonió que la muerte de Nisman lo sorprendió, que no la esperaba y que no sabía nada de nada. Hubiera sido muy fácil presentar un escrito con una aclaración.

Pese a la endeblez de los dichos de Stiuso, la jueza Palmaghini pidió que se investigue si la fiscal Fein y el secretario Chirichela falsearon la primera declaración. En Tribunales afirman que Palma- ghini estaba obligada a hacerlo porque Stiuso dijo concretamente “que mis dichos no quedaron asentados en la declaración”. Sin embargo, parece cantado que la denuncia quedará en la nada porque las firmas de Stiuso y Blanco Bermúdez son una prueba definitiva de que el agente no dijo entonces lo que ahora sacó de la galera.

- El agente. El ex titular de la AFI Oscar Parrilli salió ayer a hablar de Stiuso. “Es un psicópata, un perverso, un mentiroso”, dijo. “Como ex agente, tenía la obligación de informar si contaba con información sobre la muerte de Nisman. No lo hizo, porque lo que dice ahora es una mentira y no tiene ni una sola evidencia. El día que yo asumí en la AFI, durante cuatro horas me hizo dibujos para explicarme la situación internacional, siempre con los razonamientos de Washington y Jerusalén. Es un hombre que trabaja para la CIA y el Mossad. Por eso está protegido en Estados Unidos desde hace un año”.

Para Parrilli, a Stiuso “lo mueve la venganza. Cuando cumplí con la orden de la Presidenta de echarlo, él terminó la conversación amenazante diciéndome ‘yo voy a volver’. Es un extorsionador de funcionarios, empresarios y gobiernos. Stiuso estuvo en la SIDE durante todos los gobiernos, incluso el nuestro. Tenemos que hacer una autocrítica. De todas maneras, nosotros tomamos la decisión de echarlo. Y después lo denunciamos por todas las irregularidades y delitos que encontramos, incluyendo maniobras de contrabando. Lo grave es que ningún juez hace nada. Yo exijo que le impidan salir del país, para que dé cuenta de sus actos. Y, además, que le pongan custodia. No vaya a ser que argumente que trataron de cometer un atentado en su contra. Stiuso anda diciendo que se vuelve a Estados Unidos. Ahí está protegido por sus servicios amigos”.

- Operación. Desde el punto de vista judicial, la declaración de Stiuso debería ser intrascendente dado que no aportó ninguna prueba. Pero lo llamativo es que Palmaghini le dió entidad y usó apenas una frase del agente para fundamentar el pase a la justicia federal. Tras dedicar 40 páginas a hablar de los custodios de Nisman –concluyendo que no hay pruebas de que incumplieron sus deberes–, Palmaghini esbozó en unas pocas líneas su voltereta judicial. Hace dos semanas dijo que no había razones para mandar el expediente al fuero federal y ahora sorpresivamente sostuvo lo contrario:

- La primera razón es que el operativo tras la muerte de Nisman fue desprolijo. Por lo tanto no se puede asegurar que hayan quedado incólumnes la computadora y el celular del fiscal. Eso equivale a una violación de correspondencia y corresponde al fuero federal. Palmaghini no explica por qué no decidió esto hace un año, cuando ya se conocían las circunstancias del operativo.

- La segunda razón es que el ex agente Carlos “Moro” Rodríguez sostuvo que no creía que Nisman se hubiera suicidado: “no creo que haya pasado de ser un buen padre a un mal padre en unas horas; de ser un buen hijo a un mal hijo, de un buen amigo a un mal amigo, porque suicidándose dejó a las hijas destrozadas, a la madre en un lío y a dos amigos en problemas”. Este desvarío subjetivo fue considerado una prueba por Palmaghini.

- Finalmente, la jueza usó la frase de Stiuso sobre los iraníes también como una evidencia, pese a que se trató de una especulación tal cual ayer reconoció su abogado.

Con estos elementos, redactados a las apuradas como se percibe en el texto, se redondeó la primera parte de una operación para achacarle culpas al anterior gobierno y en especial a la ex presidenta. Es posible que intenten que la causa se la quede un juez amigo de Stiuso, Luis Rodríguez, y ya se frotan las manos con el siguiente paso. Uno de los abogados de Arroyo Salgado, Manuel Romero Victorica, se lanzó ayer diagnosticando que “Cristina Kirchner puede ser citada en cualquier momento”.




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