lunes, 2 de octubre de 2017

VENDAVALES Por Gustavo Duch

Vendavales






Muchas veces lo hago, casi siempre, escribo desde fuera. Me imagino historias, las leo o me las explican y desde fuera las cuento. Hoy escribo desde dentro.

Desde dentro de Enrique, que no quería votar –soy más de gentes que de estados– pero que ante los abusos de la fuerza bajó al colegio de su barrio pobre de Barcelona y «no había división social ni monsergas, había una bella intensidad». Y votó. 


Desde el abuelo entrando en el colegio cargando con su oxígeno y sus muertos. En su dentro, por varias horas, me refugié. 

Mis dudas las despejé desde dentro del primer objetor de conciencia en épocas franquistas. «Voto para formar pueblos libres y relacionarnos con otros pueblos en condiciones de igualdad, soberanía, generosidad, amistad. La lucha la hago desde aquí, pero busco la justicia y la igualdad para todos los pueblos del mundo.» 

Dentro de mis críticas también estuve. Y me dejaron entrar y expresarlas. 

Escribo desde dentro del pastor palentino que volviendo de cargar dos mil litros de agua para sus ovejas –maldita sequía– me llamó para decirme «votar por nosotros también, por traernos vendavales» 

Entro en el interior metálico de los tractores que, como autosfantásticos aparecieron, pacíficos y desobedientes, cortando las calles de mi pueblo. Después de muchos años menospreciados, ellos que siempre nos han dado de comer, se sienten reconocidos. 

Apoyado en la valla de la escuela, entro en quienes las saltaron pero no supimos recibir. Y releo su Manifiesto Migrante: «A ustedes les decimos que nos sentimos convocados, animados y entusiasmados por lo que en estos momentos está logrando y esperemos que se dé la oportunidad de crear espacios de participación donde quepamos todas, sin racismo, ni exclusión». 

¿Y quienes siguen en el lado de la guerra y la pobreza? No puedo entrar, hay una valla. 

Escribo desde dentro de la cola que avanza, lenta pero avanza. Con Xavier, Anna, dos desconocidos y el propietario del perro con el que juega la mía en el parque, retomamos el debate sobre las bondades o no de las independencias; desglobalizar las gobernanzas; relocalizar la democracia. Y me encuentro cómodo, a gusto. 

Cuando llueve me resguardo bajo un árbol y son las viejas luchas las que entran en mi. Quieta / altiva / la sabina / testifica / que bajo ella se agruparon/ los anarquistas”. 

Escribo desde dentro de Eva, que ha llorado un día entero.  Escribo desde dentro porque fuera de estos cuerpos he pasado miedo.














Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.





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